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Jesús Sanz, buen pastor

4 de Febrero del 2013 - Cosme Ruiz Pérez (Gijón)

La decisión de las escuelas católicas, previo veto del Arzobispo de Oviedo, de suspender la celebración de las jornadas de pastoral que se iban a celebrar el 25 y 26 de enero en Oviedo pone, una vez más y como de costumbre, a la jerarquía eclesiástica en el punto de mira. ¿Causa...?: Según algunos, que el marcado carácter progresista de propuestas, reflexiones innovadoras para la pastoral de niños y jóvenes, ponentes que iban a participar, etcétera, resultaban bastante alejados de la doctrina de la Iglesia.

Dice el catecismo de la Iglesia católica en el punto 2.050: «El Romano pontífice y los obispos, como maestros auténticos, predican al pueblo de Dios la fe que debe ser creída y aplicada a las costumbres. A ellos corresponde también pronunciarse sobre las cuestiones morales que atañen a la ley natural y a la razón». Subrayar esto último en lo respectivo a la pastoral. Ésta ha sido delegada y transmitida por la Santa Sede a congregaciones e institutos religiosos, al aprobarse sus estatutos y constituciones.

Así que, tanto por las referencias del catecismo como en las propias raíces evangélicas, está fundamentada la responsabilidad del buen pastor, sea este Papa, obispo o sacerdote: «Yo soy la puerta de las ovejas... el pastor da su vida por sus ovejas; el asalariado, como no es pastor de las ovejas ni son suyas, cuando ve venir al lobo, deja las ovejas y echa a correr, y el lobo las arrebata y las dispersa; porque a un asalariado no le importan las ovejas» (Juan 10,7 y siguientes). La sucesión de los apóstoles ha transmitido («id y predicad...») la fe y sus contenidos a través de los siglos. Fe que ha de ser responsabilizada y salvaguardada por cuantos reciben la encomienda, también los religiosos y su entorno pastoral. Y lo decía San Pablo en Hebreos 13, 7-9: «Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas». «La verdad no envejece...» (Benedicto XVI).

Otra cosa es que el lobo de hoy puede tener variadas concreciones: miedos a pérdida del concierto económico en la enseñanza, camuflaje, caer simpático y «pasteleo» con lo políticamente correcto de determinadas doctrinas, ponentes, agentes sociales y teologales que, predicándose a sí mismos y a su ideología, chocan frontalmente con lo que, en materia pastoral esencial, referente a sana moral, razón y naturaleza, siempre ha dicho la Iglesia. Y aquí es de obligada mención, entre otras cosas, la corrupta teoría de género, ideada para arruinar la familia y auténtica corrupción de menores en sus propuestas a niños a edades tempranas. Por desgracia esta teoría son goteras que se cuelan por las paredes televisivas en opiniones de «bienpensantes». Los padres oyen eso del «género», no se paran a conocer qué es y han de estar con las antenas bien estiradas, para ver qué ocurre en el «cole» de sus hijos. Han de mirar bien qué orientadores afectivo-sexuales y campañas externas de «lobos disfrazados de ovejas» intentan acceder al centro.

Felicitaciones a don Jesús, buen pastor a ejemplo del otro Jesús, su maestro, y siempre preparado a todo movimiento social con su «sensible caña franciscana», y a la pronta reacción de la Conferencia Episcopal a la que se ha avenido, como no podía ser de otra forma, la FERE, para que estos temas y actividades sean transparentes a nivel nacional. Y oídos sordos a la progreanestesia mediática cumplidora de su lobby-papel.

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