Mi amigo Iván
Ante el artículo de opinión de don Carlos Fernández Llaneza, publicado el día 30 de enero de 2013 sobre la noticia del fallecimiento de Iván Ondina Menéndez, mi indignación ha llegado al límite.
Cuando se redacta un suceso de este calibre, donde se menciona la vida de una persona, no creo que una fuente de un bar de barrio sea la más acertada, eso se llama «chismorreo», no se llama noticia.
Iván tenía 38 años recién cumplidos, era mi amigo de la infancia, el amigo que siempre estaba cuando se le necesitaba, el que te escuchaba, con el que descubrí y compartí muchas de las cosas buenas que nos ofrece la vida. Era un hombre generoso, amante de los animales y con un gran corazón, al que el veneno de la droga lo consumió en vida, poco a poco.
No seré yo el juez que dictamine qué caminos tienen que tomar las personas durante su periplo por la vida, ni qué decisiones son las correctas, pero lo que si sé es que mi amigo Iván se metió en un callejón en el que no hay salida ni vuelta atrás, y antes de adentrarse en él se le ofrecieron alternativas por parte de su familia, que desgraciadamente no acepto.
Iván era una persona inquieta, que se movía entre una ciudad y otra, sin previo aviso de su marcha. La principal consecuencia que tenía esta forma de actuar, era una pérdida total del contacto por parte de sus allegados, de ahí la tardanza en encontrar su cuerpo.
Si bien su casa no estaba en unas condiciones higiénicas de lo más saludable, tampoco fue el detonante para que un vecino alertara a su familia.
Fue el familiar más cercano, quien al no verlo en unos días y no poder contactar con él, llamó a la Policía.
También sé que la poca familia que le quedaba, le ayudo en todo lo que pudo; sé que tenía un plato caliente en casa de su primo, sé que tenía ropa limpia y comida, sé que tenía un millar de manos tendidas para dejarse ayudar, y lo que si sé, que nunca cogió ninguna fuertemente.
Iván, que murió durmiendo en su cama, descansa con su padre; se le ofrecieron dos misas, una en su pueblo y otra en el barrio donde se crió. Realmente no sé para que hay que publicar esquelas o realizar velatorios; la gente que le queríamos sabíamos de su defunción pocas horas después que sucediera y sus familiares seguro que estuvieron arropados en todo momento.
Iván, allá donde estés, un abrazo bien fuerte, amigo.
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