Recordemos para no repetir
El 27 de enero del año 1945 una unidad del Ejército rojo entraba en Auschwitz y sus componentes se enfrentaban al horror. Así, sin más: el horror.
Acabo de leer un documento estremecedor de Simone Veil sobre lo que fue el Holocausto; no se trata de una dramatización, de una invención, es el relato de la propia experiencia vital de una superviviente de una de las mayores atrocidades que la Historia haya conocido. No ha supuesto, obviamente, ninguna revelación, pero bien está que de vez en cuando alguien nos refresque la memoria.
Es imposible negar lo evidente y eso es el Holocausto, algo evidente; pero también es evidente que junto a las judías y los judíos se encerró, torturó y asesinó a miles de personas por cuestiones de índole étnica (raza gitana), ideológica (comunistas, socialistas...), filosófica (masones), médicas (deficientes mentales), de género (homosexuales) y, en general, a cualquiera que desde el punto de vista del régimen nazi pudiese constituir un peligro para su pervivencia en el tiempo, o para la pureza de la raza aria. La verdadera y única razón es que se trataba de personas diferentes.
Conviene no olvidar, para evitar la repetición de algunos horrores, y conviene también abrir el foco del recuerdo para no olvidar a algunos de los que los sufrieron. Seguramente porque ni fueron tantos (quizás no en términos absolutos pero sí fueron muchos en términos relativos), ni tuvieron o tienen la capacidad de movilización con la que cuentan las principales víctimas de tan infaustos hechos.
Por tanto, junto a la memoria de judías y judíos asesinados, debemos poner la de otros cientos de miles de seres humanos, entre los que se cuentan no pocos republicanos españoles que, tras haber conseguido huir de nuestra guerra civil y del horror de la represión desatada a su término, se encontraron inmersos en el conflicto bélico que asoló a Europa poco después de finalizar la contienda fratricida española. A estos últimos, y en tanto que Asociación José Maldonado y como republicanos, queremos dedicar hoy un especial y sentido recuerdo de homenaje.
Subtítulo: En memoria de todas las víctimas de todos los holocaustos
Destacado: Que el pasado no sea nunca excusa tras la que parapetarse ni con la que justificar acciones absolutamente reprobables antes, ahora y siempre
Pero no debemos olvidar que el 27 de enero también es el día que la ONU dedica a la prevención de los genocidios. La mencionada Simone Veil recordaba, en el escrito referido al inicio, los genocidios de Camboya, Ruanda y Darfur, también las amenazas que permanentemente pesan sobre Israel, se olvidaba mencionar algunas otras cuestiones que en este día deben ser tenidas en cuenta.
Medir un genocidio únicamente por el número de víctimas y no por la intencionalidad con la que se lleva a cabo, dejaría en el olvido algunos otros que deberían ser añadidos a los mencionados por la señora Veil: Armenia, Unión Soviética, Deir Yassin, Sabra y Chatila, Bosnia... Quizá también nos haría olvidar Vietnam, Argentina, Chile, nuestra propia España... la lista es, desgraciadamente, larga y viene de muy antiguo.
Que el pasado no sea nunca excusa tras la que parapetarse ni con la que justificar acciones absolutamente reprobables antes, ahora y siempre. Afecten a siete millones o a algunas decenas de seres humanos, incluso la muerte de una sola persona debe ser reprobada. El haber sido víctima de genocidio ni justifica ni proporciona patente para convertirse, impunemente, en genocida.
Recordemos, pues, pero no dejemos nunca que ese recuerdo nos impida ver la realidad de cada momento. Cualquier acto de fuerza contra un ser humano debe ser reprobado todos los días del año
Pedro José Vila,
Presidente de la Asociación «José Maldonado»
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