La ¿envidiable? educación finlandesa
El pasado viernes 1 de febrero, "La Sexta" emitió un programa del periodista Jordi Évole, que parece ser que arrasó en audiencia por su contenido, con el tema ya muy comentado de un tiempo a esta parte, sobre los resultados de diversas pruebas que se hacen a los chavales de distintos países desarrollados para medir cómo se asimilan los conocimientos impartidos en el sistema educativo, que son básicamente los mismos conocimientos en todos estos países, y el hecho de que los resultados de estas pruebas de rendimiento escolar dan sistemáticamente que los niños finlandeses tienen la máxima puntuación en ellas, y los niños españoles la más baja, lo que ha llevado, de manera simple a mi entender, a un movimiento de escándalo y preocupación en varios sectores de España, en la educación y otros sectores sociales; escándalo y preocupación reflejados estos días en los medios, en la opinión publicada, así como en la opinión pública, y mucho más intensamente a raíz del programa de Évole. Y observo que, como consecuencia de estos resultados publicados, la opinión general, completamente acrítica con el sistema educativo en sí, con sus objetivos y con los métodos de medida que dan lugar a estos resultados, califica sin más de envidiable el sistema educativo finlandés, y de desastre el español.
Pero yo me planteo que la finalidad de un sistema educativo es formar a las personas, en su infancia y adolescencia, para que cuando sean adultas tengan la máxima facilidad para buscarse la vida, ser creativos, ser buenos ciudadanos, ser felices y saber llevar sus vidas, triunfar y que funcionen sus sociedades.
Y desde este punto de vista, la sociedad española tiene unos niveles de creatividad, en su literatura, música, cine, periodismo, producciones televisivas, arte en general y una proyección al resto del mundo muy superior a la finlandesa. Sus empresas, Banco de Santander, BBVA, Telefónica, Iberdrola, Repsol, Zara, con empresarios y profesionales españoles, se comen el mundo, sus empresas de construcción cogiendo obras públicas por todo el mundo, sus sectores turístico y pesquero, los primeros del mundo no sólo por el sol, que lo hay en muchos otros sitios, sino también por la gestión de sus profesionales; su agricultura que inunda y da de comer a media Europa; sus deportistas jugando como estrellas en los mejores clubes del mundo, sus médicos y enfermeras, solicitados en todos los hospitales de Europa, sus cocineros triunfando en todos los países del mundo; su Policía, de eficacia internacionalmente reconocida; su industria en general y todo el resto de profesionales que funcionan como motos en todos los sectores, haciendo de España un país de proyección internacional, en lo intelectual y en lo económico, en todos los órdenes, infinitamente mayor que Finlandia. Y además la gente es más feliz, con una tasa muy inferior de suicidios, de incidencia de enfermedades coronarias (mejor conocimiento de saber vivir).
Entonces, ¿a qué enseña a los finlandeses ese sistema educativo que dice el artículo y por qué se dice que la educación en Finlandia es tan buena y en España es tan mala? ¿No fallarán el modelo de concepción de la educación, en sus contenidos y en sus objetivos, y las pruebas que se le hacen?
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