Los disidentes
Vengo observando, en los múltiples debates, declaraciones y opiniones en general que hoy en día pueblan todos los medios de comunicación cierta aprensión hacia la libertad de conciencia. Parece muy instalado el concepto de que las ideologías, las soluciones, los cambios o los proyectos solamente pueden -y deben- encontrarse en el abanico de lo que podríamos denominar espectro democrático institucional.
Fuera de ello, de esa opinión obligatoria, lo que despectivamente llaman algunos "la calle" queda situada inequívocamente en la heterodoxia y tal disidencia parece entenderse como algo reprobable, de manera que no son pocos los que encuentran facilidad en etiquetarlo como a hordas de alborotadores, organizados con intenciones aviesas, o cosas peores. Tal censura ha de considerarse marginación.
No puede proceder tal sentir más que de una sociedad intolerante, que no gusta de compartir espacio con la disidencia, sin embargo se evita reconocer que heterodoxos siempre hubo, afortunadamente: "la calle" eran las Madres de Mayo y Luther King era un antisistema. Habría que meditar sobre ello.
Demonizar términos, ideas, posturas o la irreverencia no es más que la señal inconfundible de una mentalidad pacata, aferrada a tiempos pasados. Por muy espeso que todo eso se muestre, lo que "La Calle" denomina "El Sistema" no es más que un cristal que se ha de romper para continuar creciendo, y tarde o temprano ocurrirá, como siempre sucedió en el devenir de la historia de las sociedades.
Habría que reflexionar si el final de los tiempos de cada era se define por la imposibilidad de que cada sociedad sea incapaz de reconducirse con las herramientas de que dispone. No sé a otros lectores, pero a mí me da que las herramientas de que disponemos ya no sirven para casi nada.
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