Y después de la crisis, ¿qué?
Llevamos inmersos en una crisis total, ignorada en sus comienzos por el Gobierno de turno y el partido en el poder. No solo estamos padeciendo la crisis, sino una psicosis de la crisis real, que me atrevería a decir que es aún peor. Está claro que antes o después terminaremos saliendo de esta crisis, porque la vida sigue inexorablemente. El tema es saber: ¿cómo vamos a salir de la crisis en la que otros nos metieron?, ¿en qué condiciones? Y cuando digo condiciones no me refiero a las económicas, que esas serán las que serán, me refiero a todo lo demás.
Está claro que la crisis que estamos padeciendo no es solo económica, con ser ese el elemento más determinante. No, la crisis es total, afecta a todo el comportamiento humano y a todas sus áreas de actuación. Es fundamentalmente una crisis de valores. Ahí está el quid de la cuestión. No es una cuestión de hipotecas basura, baratas o como sean. No es cuestión del ladrillo, ¡no!, esas son sus consecuencias. La crisis es fundamentalmente de valores. O al menos la crisis puso al descubierto esa falta total de principios. ¿Dónde están aquellos valores de honradez, rectitud, probidad, moralidad, honestidad, integridad, conciencia, lealtad, dignidad, sinceridad, decoro, decencia, vergüenza, seriedad, honorabilidad, mérito, etcétera, etcétera?, perdidos en el fango de la insolidaridad, en la irresponsabilidad, en el «todo vale». Para algunos incluso sonarán a palabras nunca oídas o nunca cumplidas.
Debemos recuperar aquella escala de valores basada en disciplina, responsabilidad, solidaridad, honestidad, honor, verdad, lealtad y, como vértice superior, el amor.
De la crisis económica saldremos algunos muy tocados, pero si no acertamos a restablecer esa escala de valores perdida, nada habremos conseguido. «Pan para hoy, hambre para mañana».
Tenemos que pegar un giro de 180º sobre la trayectoria moral seguida hasta ahora. Restablecer esos valores perdidos. Todo el mundo, todo el país, todos los ciudadanos. No sólo los políticos, con ser estos los principales responsables de la crisis, cuando ellos eran los que tenían que dar ejemplo.
Estoy con Amando de Miguel cuando señala que quizás estamos entrando en una nueva era, en una nueva época, en una nueva edad. Para las generaciones venideras ya serán cinco las edades de nuestra civilización: antigua, media, moderna, contemporánea y actual.
Está claro que aquel sistema político teóricamente perfecto avanzado por Marx y Engels, el comunismo, está prácticamente desaparecido, y el contrapuesto en perfección, el capitalismo, empieza a hacer mucha agua. Es el individuo, egoísta, carente de valores éticos y morales, el que los hace fracasar.
Y después de la crisis, ¿qué?
Como no nos imbuyamos todos de esos valores solidarios y vayamos por ese camino que nos marcan, volveremos a caer, cada vez peor, en el fango que nosotros habremos ido creando.
Santiago Iglesias Vincelle
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