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En respuesta a Ángel Machado Cabezas, profesor de la Universidad de Oviedo

14 de Febrero del 2013 - Ana María Juliá Tolrá (Oviedo)

He leído su artículo, publicado en el periódico LA NUEVA ESPAÑA de Oviedo, en la sección Tribuna, con fecha 29 de enero de 2013, que lleva por título "Apoyo político a la Iglesia católica. Los privilegios económico-fiscales de la Conferencia Episcopal".

Me agrada comprobar que estamos en un país en el que sus habitantes pueden expresar sus opiniones y juicios con entera libertad, sin cortapisas, a través de los medios de comunicación que tienen a su alcance, tal como corresponde a un Estado que quiere ser democrático. Así pues, sin ningún tipo de censura, puede desglosar en su artículo una serie de juicios, de carácter muy negativo, sobre la Iglesia católica.

Llama la atención, en dicho artículo, que la libertad de expresión de la que usted disfruta, se la niegue a la Conferencia Episcopal, pues pretende, nada menos, que esté callada, como si una dictadura, de derechas o de izquierdas, formara parte de nuestra estructura, aplicando una única forma de pensar...

Según la encuesta del CIS del año 2011, en España se manifiesta católico el 70,9%; de otras religiones, el 2,4%; agnósticos, el 16,9%; ateos, el 7,4%, y Ns/Nc, el 2,4%. Parece lógico que la Conferencia Episcopal se dirija a este 70,9% de católicos, practicantes o no, pero que se manifiestan católicos, y les hable y se manifieste claramente, en la línea de su pensamiento cristiano. Puedo admitir que haya discrepancias en ese conjunto, tan grande todavía, pero que sigue siendo católico.

Nuestro país se rige por una serie de normas, reglas, leyes, a las que estamos sometidos todos los españoles. Ocurre, sin embargo, que no todos acatan tales preceptos. Por ejemplo, con frecuencia se evaden ciertos impuestos, como el IVA. Otras veces se infringen las normas de circulación, en alguna ocasión se hace de la justicia un cachondeo, pero, aun así, siguen siendo españoles, y el Estado se dirige a todos, cumplidores o no, como españoles. Lo mismo hace la Conferencia Episcopal, se dirige a todos los que se manifiestan católicos, practicantes o no. Por otro lado, es lógico que la opinión del 70,9% pese frente al 20,1% restante, y no al revés, como usted manifiesta en su artículo.

En cuanto a marcar el 0,7% a favor de la Iglesia católica, en la cuota del IRPF, le recuerdo que es totalmente voluntaria, el Gobierno no obliga a marcar esa partida. Cuando tantos la marcan, hace pensar que confían en la institución y que a través de Cáritas, que es la Acción Social de la Iglesia, atiende a tantas personas vulnerables y excluidas. En la memoria de Cáritas Española de 2011, un total de 6.364.126 personas ha sido beneficiado por la acción de Cáritas, con un gasto de 250.697.475 euros, de los que 84.489.733 corresponden a subvenciones, el 33,70%, y 166.207.742 son recursos propios, el 66,30% (colectas en las 6.000 Cáritas parroquiales, agrupadas en 68 Cáritas diocesanas, donativos, socios). Le ruego que consulte la memoria de Cáritas y se dará cuenta de que aporta algo más que ese ridículo porcentaje del 2% que usted menciona. Sin entrar en detalles, del trabajo gratuito y desinteresado de sus más de 64.000 voluntarios, cuya valoración económica elevaría sustancialmente la cifra de recursos propios. Las subvenciones no proceden de la varita mágica del Gobierno, sino del dinero de todos los contribuyentes, en los que se incluye el 70,9% de los católicos. Dichas subvenciones van dirigidas a los programas de los colectivos más excluidos, pongamos por caso, albergues para personas sin hogar, comedores sociales, pisos para reclusos y ex reclusos, enfermos de sida, centros para toxicomanías de todo tipo, etcétera. Usted apunta que deberían quitar a la Iglesia tanto privilegio, no se preocupe, ya nos han llegado los recortes en las subvenciones. Los recortes están a la orden del día, no solo en sanidad y educación y, cómo no, también le llegan a Cáritas, aunque no pensamos cerrar las puertas a tantas y tantas personas que acuden a sus servicios. Sepa que en Cáritas, antes, durante y después de la crisis trabajamos por la justicia y la dignidad de la persona. Para la Iglesia no son sólo números los afectados, son personas, aunque no suelen dar votos. Iniciamos la campaña 2012/2013, orientada a todos con: "Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir. Si le gusta la idea, apúntese".

Me gustaría que usted escribiera un artículo, pidiendo cuenta a todas esas subvenciones, que salen del bolsillo de todos los españoles. Subvenciones a partidos políticos de todos los colores, subvenciones a sindicatos, entre otros muchos, de las que no sabemos nada. Estaría bien que supiéramos cómo las utilizan y qué fondos propios suman a esas cuantías.

Y para terminar, el tema de la financiación de los colegios concertados de la Iglesia y otros de carácter privado. ¿Es necesario que le diga que son un chollo para el Estado? Averigüe, si es que a estas alturas aún no lo sabe, cuánto nos cuesta a los contribuyentes una plaza en la escuela pública y una plaza en la escuela concertada, de risa, oiga. En conciencia, sin demagogia, ¿cree que el Gobierno de turno quiere perder ese chollo?

Ana M.ª Juliá Tolrá, Oviedo

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