Oviedo, luces después de la muerte
El principio del Gabinismo fue un conjunto de planes de choque que, bien programados en cuanto a los espacios ganados por el peatón, etcétera, vienen suponiendo desde entonces hasta la actualidad, en lo que a la calidad, colocación y peligro de los materiales empleados en las aceras, además de un enorme peligro e inseguridad, una hipoteca para varias generaciones de ovetenses. Así las cosas, son innumerables los accidentes provocados por estas deficiencias, y no digamos el coste que dichas contingencias han supuesto para el erario municipal, esto es, para todos los ovetenses.
El afán por acometer obras en tiempo Guinness con que Gabino de Lorenzo llevó a cabo sus 20 años de gobierno municipal ha traído estos lodos. Todas estas deficiencias siguen visibles paso a paso y resulta imposible, a día de hoy, encontrar en la ciudad un paño de apenas unos metros cuadrados de aceras que no estén afectados por las roturas, las grietas, la falta de adherencia o todo a la vez.
Dentro del grandonismo Gabiniano, los vatios fueron otra de las desmesuras que, ahora mismo, nos vemos imposibilitados de mantener y pagar. La tempestad económica, fruto del despilfarro de la mayoría de la clase política, hace que, también en Oviedo, hayamos pasado de disfrutar un alumbrado de lujo a una penumbra de posguerra. Pues bien, o mejor dicho, pues mal, ello ha dado lugar a un incremento en los accidentes peatonales mortales que, al fin, han hecho recapacitar, por una vez, a nuestro nuevo alcalde, Iglesias Caunedo.
Urge el aumento de luz en los pasos de cebra y/o la colocación de intermitencias en los mismos, tal y como ha hecho Gijón hace mucho tiempo; urge suprimir el despilfarro de las fuentes públicas, cuyo gasto energético no podemos permitirnos, urge afinar el gasto en jardinería, urge recortar el organigrama municipal de soldadas millonarias y urge, en definitiva, que los gobernantes ovetenses vayan por delante de los problemas de los ciudadanos y no detrás de los coches fúnebre, cuando ya lo único que procede es rezar.
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