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La Iglesia, un futuro incierto

13 de Febrero del 2013 - Teresa Antequera Cerveron (Alfafar (Valencia))

El hambre en el mundo aumenta y miles de niños mueren como consecuencia de la falta de alimento y medicamentos. Muchas personas se preguntan cómo el máximo representante de la iglesia viaja por todo el mundo con el consiguiente gasto millonario que supone cada viaje, cuando lo único que hace es predicar y poco más. Las personas se mueren de hambre sin apenas ayuda por parte de la iglesia, además prohíbe la píldora y los preservativos, con lo que aumenta la natalidad y los casos de SIDA. Esta falta de conciencia humanitaria por parte de la iglesia hace realmente que muchas personas renieguen de su permanencia en dicha institución, lo que no significa que dejen de considerarse cristianos.

Una encuesta aleatoria celebrada por reporteros del canal italiano Tierra y Hombre, recogía impresiones de transeúntes que decían que ser cristianos y ser miembros de la iglesia son cosas diferentes. Ciertamente el número de fieles disminuye a un ritmo tal que las propias instituciones no saben como pararlo. En un trabajo de seminario de Sonja Philipp del año 2004/2005 sobre la sexualidad en la Iglesia católica, se cita al obispo alemán Gerhard Schwenzer, que dice algo muy interesante: El futuro de la Iglesia depende de cómo se solucione el problema con las mujeres.

Realmente el futuro de la iglesia es bastante incierto, pero depositarlo en las mujeres puede parecer a priori demasiado injusto, cuando son ellas las que han llevado y llevan de una forma altruista el peso de la misma sin ser apenas valoradas o remuneradas. Quizás el primer paso para reconocer el problema de la iglesia, sería hacerse consciente de que Jesús de Nazaret en realidad no quería una religión externa, tampoco una iglesia. El no instauró a sacerdotes, sino que dijo Seguidme. Esa es la clave y ese es el futuro.

Y para saber concretamente qué significa seguidme, hay que desempolvar las palabras de Jesús en Su Sermón de la Montaña, e incorporarlas a la vida diaria cumpliéndolas paso a paso. Así descubriremos una Enseñanza libre y maravillosa que nos conduce a nuestro origen, y para esto no se necesita pertenecer a ninguna iglesia, porque para activar las enseñanzas de Jesús en cada uno de nosotros no es importante ni necesario pertenecer a una religión. Jesús enseñó que todos somos iguales ante Dios. El no habló en unas ocasiones para los hombres y en otras para las mujeres, tampoco diferenció entre ricos y pobres. El vino para mostrarnos el camino de regreso que cada uno puede recorrer en sí mismo puesto que cada uno es el templo de Dios, ¿para qué entonces los templos y para qué los sacerdotes?

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