Alí Baba y los cuarenta...
Con asomos pícaros, un buen amigo del colegio que me encuentro inesperadamente, después de saludarnos efusivamente, me dice que la cueva de Alí-Babá tendrá que haberse quedado pequeñísima para albergar a tanto corrupto como hay en la vida política española. Y que el cuento, seguro que va a agotar sucesivas ediciones en nuestro país, superando con creces los más célebres "best-sellers" del momento.
A decir verdad, siempre se ha sabido de alguno de los trepa de los partidos políticos que medran desde las juventudes a base de zancadillas y codazos y hoy ocupan responsabilidades sin haber dado un palo al agua en su vida; también se conocía la nula formación y escasa experiencia de muchos de los cuadros dirigentes de nuestra política; y, asimismo, era "vox populi" las dietas, gastos de representación y otros provechos con los que nuestros líderes se dan un viajecito por aquí o cualquier otro homenaje por allá a costa del presupuesto.
Pero las trapisondas, latrocinios, tramas, desfalcos, sobresueldos, regalías, subvenciones y tapujos inversionistas en paraísos fiscales y suizos, que hoy estçán violentando la democracia, no eran en esas proporciones. Actualmente vivimos a tope la obsesión del descaro y la práctica de la corrupción. La poca vergüenza sacude las alfombras de las instituciones, las cajas de los partidos, las menguadas cuentas de las administraciones públicas... Los ciudadanos también han empezado a saber que hay un Julián Muñoz en multitud de ayuntamientos, más de un Carlos Fabra y un José Luis Baltar en muchas diputaciones de España y algún Luis Bárcenas en determinadas estructruras de poder.
No se sabe cómo acabará esto si nose frena, ni tampoco quién va a colocar el indicador del stop. Es una plaga de instintos acaparadores del poder y de los dineros. El asalto y pillaje de las arcas, la mano en las cajas de acero, los billetes de 500 euros en bolsas de plástico, todo parece un chiste, pero no lo es. Y sobre todo en unos momentos en que se recortan derechos y se piden muchísimos sacrificios. Y lo más lamentable de todo es que solo conocemos la punta del iceberg.
No les basta el poder y la gloria. Quieren robustecer los muros de la patria empapelando las paredes de sus dachas con billetes morador y decorarlas con lingotes de oro.
Atrás se quedan los casos Filesa, Gürtel y también se quedará la reciente condena de Uniçón Decocrática de Cataluña asumiento sdimplemente su financiación ilegal. Nada de esto es inesperado, pero nada serio se está haciendo para corregirlo desde la base.
Ante tan vergonzosos y malolientes espectáculos casi diarios, es lógico el desconcierto de la ciudadanía que ve en la clase política cómo sigue siendo el tercer problema más grave del país. Se lo han ganado a pulso. Y esa desafección, ese desapego del que tanto hablan sesudos politólogos, no es sino por razones de higiene de quienes no se sienten representados ante tanta escandalera.
Creemos que es hora de exigir cambios en profundidad, y si quienes tienen la responsabilidad de hacerlo no lo consiguen, deben surgir otros líderes ad hoc que lo hagan por y para todos. Es de obligada justicia.
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