Las memorias de un matemático
LA NUEVA ESPAÑA nos ha proporcionado en estos días un auténtico placer y hasta un lujo inusitado con las cuatro entregas de las «Memorias» del matemático asturiano Juan Luis Vázquez. Y no sólo ni principalmente por la brillantísima carrera personal y profesional que en ellas se rememora, internacionalmente reconocida en las más prestigiosas universidades de EE UU, Inglaterra o Francia, sino por las ideas y valores sociales que en todo momento rezuman y transmiten.
En todas esas entregas aparece un gran amor y compromiso personal con la ciencia: «Newton estableció que cuando quieres conocer la naturaleza tienes que escribir las ecuaciones y resolverlas», y poco más adelante: «Y con esto volvemos a un punto clave de la ciencia: amor a los maestros del pasado y su influencia». Pero ese amor a la ciencia se queda en nada si no se convierte en investigación, una investigación que necesita de toda una serie de requisitos exigentes, tales como la formación adecuada, el talento, la búsqueda de objetivos de conocimiento de acreditado interés internacional y en contacto con los mejores centros del saber, además de un liderazgo científico basado «en el ejemplo y excelencia personal». Y volviéndose a su especialidad, el autor nos recuerda que los matemáticos tienen dos papeles fundamentales: uno, hacer investigación para que las ciencias que se basan en las matemáticas puedan progresar; otro, enseñar buenas matemáticas, porque hoy en día las necesita todo el mundo. «En el remoto pasado yo me daba cuenta de que la belleza de las matemáticas no le había llegado al pueblo español».
Pero el gran mérito de estas «Memorias» del profesor Juan Luis Vázquez también está en lo que él denomina su «vena jacobina», cargada de libertad y de profundas reflexiones personales que tienen como referente principal a la sociedad en la que vivimos. Nada, por tanto, de un científico ajeno a la sociedad que le paga, tan mal a veces y en la que vive. Como requisito inicial, para que la ciencia pueda desarrollarse necesita de unas condiciones sociales adecuadas: «El país que diseñó la Revolución Francesa y los demás avanzados necesitan de una buena estructura de Estado y cientos de miles de profesionales que tienen amor a su país, cumplen con su deber profesional, estudian e intentan progresar... En ese esquema el desarrollo de la ciencia es fundamental. Francia, Inglaterra, Holanda y en parte Italia lo llevan haciendo más de 300 años y desde hace cien se han unido EE UU, Canadá y otros países».
Lo anterior está estrechamente vinculado con lo que Juan Luis Vázquez, siguiendo a Max Weber, llama ética del trabajo. «Mi punto de vista no es político, sino el de las ideas de la Ciencia y la Ilustración». Y, tras recordarnos que Jovellanos fundó la Sociedad de Amigos de País para mejorar España y fundó su Instituto, lamenta que hoy «el país no habla más que de Bárcenas», de la secesión, del elefante cazado, o de famosillos». Las preguntas se hacen entonces inevitables: «¿Dónde está la intelectualidad ilustrada que pretende sacar adelante el país mediante la educación esmerada y el esfuerzo personal?». «¿De dónde saldrán las élites dirigentes que formen un pueblo para que pueda vivir mejor? Esa ética dicen que es de origen protestante y está claro que nos falta».
Hasta aquí he ido espigando algunas frases para recoger esta gran lección de entrega personal, de ciencia y de ciudadanía, teniendo como referencia la belleza de las matemáticas, algo en lo que todos los españoles, desde nuestras aulas de Primaria hasta las de nuestras facultades universitarias, necesitaríamos mejorar. Gracias a Juan Luis Vázquez por habérnosla dado en la forma breve de estas «Memorias» que tanto nos han hecho pensar y que tanto nos han deleitado. Toda una bocanada de bien añejo aire fresco en tiempos tan necesitados.
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