La cueva
El otro día escuchaba a un filósofo decir que desde la era de las cuevas de Altamira a nuestros tiempos el hombre ha tenido siempre unas necesidades básicas que son la comida para poder subsistir, la ropa para poder sobrevivir a las inclemencias del tiempo y un techo o cueva donde refugiarse.
Hoy en día seguimos teniendo las mismas necesidades que hace tropecientos mil años, pero hay una de ellas que tiene una mayor connotación social, que es la vivienda y no solo por el hecho de tener un sitio para guarecernos, si no por todo lo que representa.
En nuestras viviendas guardamos en cada esquina, en cada rincón, un trocito de nuestra vida, una foto de nuestros seres queridos, el recuerdo de nuestros días de amargura y de felicidad, nuestras pertenencias, todo lo que tenemos y todo lo que hemos conseguido a lo largo de nuestras vidas, nuestra vivienda nos sirve de refugio cuando las cosas nos van mal fuera de ella e incluso dentro de nuestro hogar tenemos el espacio para aislarnos cuando las cosas van regular dentro en nuestras relaciones personales. Nuestros cuatro ladrillos representan nuestra pequeña parcela, nuestro coto personal, el amparo, la seguridad, el refugio nuestro y de nuestros seres queridos.
Nos puede faltar la comida y sobrevivir, nos puede faltar la ropa y seguiremos sobreviviendo, pero como nos quiten el techo donde poder guarecernos cuando todo va mal, cuando nos quitan nuestra espíritu que representa todo lo que tenemos y nos dejan abandonados en medio de la calle sin rumbo que seguir, habrán destrozado la esencia del ser humano, nuestros sueños, nuestro hogar, nuestro refugio.
La sociedad que permite que ante la usura, el enriquecimiento, la avaricia de grupos sin alma que ante la desgracia de ciudadanos que por circunstancias de la vida se ven desposeídos no solo de su bien más preciado sino de la esencia de toda una vida recopilada en su casa, es una sociedad muerta en la esencia de la solidaridad. A los bancos, a los políticos, a los grandes empresarios no les podemos pedir piedad, ya que no la tienen, solo existe para ellos los intereses del amasar dinero y poder, y si para ello alguien se tiene que suicidar al ver que lo a perdido todo, no va a suponer ningún tipo de problema, ni sus conciencias acomodadas en un confortable sillón les va a impresionar lo más mínimo la desgracia ajena.
Es la sensibilidad de la sociedad, la que hace grande a un país, la que realiza las revoluciones, la que puede sumándose de forma masiva, no despertar la indiferencia de nuestros políticos o representantes de los ciudadanos (jejejeje, me parto y me troncho, ¿quien inventaría ese calificativo de representantes de los ciudadanos?), sino la que puede cambiar las cosas para que el mundo en el que vivimos resulte un poco y solo un poco más humano de lo que es actualmente.
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