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La política, una profesión

20 de Febrero del 2013 - Ricardo Luis Arias (Aller)

Sí, la política es hoy una lucrativa profesión, como determinaron los padres del nuevo régimen democrático, al fijar asignaciones, dietas, pensiones y demás chollos y prebendas que antes no existían. Que nunca existieron, ni en la mismísima República. Entonces, sin retribución alguna, el político compaginaba el cargo con su trabajo o profesión y, cumplido el mandato, se iba para casita otra vez. Aquellos sí eran políticos de verdad, tanto de un color como de otro, y la defensa de sus ideologías no estaba mercantilizada ni había en ellas intereses bastardos y egoístas, como ocurre ahora. Hoy, como estamos viendo, excelencias señorías se perpetúan en el cargo, lo hacen hasta vitalicio, se fosilizan en él, repitiendo así mandatos y elecciones y todo por esas puñeteras listas cerradas, contra la que clama la ciudadanía, inútilmente. Y que impiden el paso a nuevos valores que rejuvenecen la política, hoy enquistada y putrefacta.

¿Por qué no se siguió manteniendo aquel sistema no retributivo, y se creó este otro de tan elevado coste para las arcas del Estado, y que es causa y motivo hoy de tanto despilfarro y corrupción? El Senado o Torre de Babel –por lo del pinganillo y diversidad de lenguas, de unos deslenguados nacionalistas– es un absurdo y disparatado invento democrático, innecesario y costoso. Y abundando en el disparate y la locura, además del pastón que perciben todos los políticos, la creación de las autonomías se hizo de una manera irresponsable al concederles competencias que son exclusivas del Estado, como sanidad, educación y justicia, por ejemplo, tan problemáticas hoy en esas comunidades de un nacionalismo sedicioso y separatista. Y lo que en un principio fueran 17 autonomías, terminaron convirtiéndose en otros tantos gobiernos, con toda su costosa parafernalia de consejerías, organismos afines y un excesivo funcionariado –la mayoría elegido a dedo y no por oposición–, todo lo cual viene a ser hoy la principal causa de nuestra ruina económica.

A ella ha contribuido también la cuestionada clase política, enfrentada y dividida, que sólo mira para su ombligo ideológico, cuando debieran de hacer causa común todos los partidos para tratar de salir cuanto antes de esta crisis salvaje. Para eso, además, cobran buenas perras que pagamos todos los contribuyentes.

Ayer, los políticos, no estaban retribuidos, y sí representaban a sus electores. Hoy, en cambio, sí lo está, espléndidamente, y sólo se presentan a sí mismos.

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