Bárcenas y la «simulación diferida de retenciones»
Llevaba servidora un par de meses en hibernación diferida obligada de tanto doparme con jarabe antiemético para contrarrestar las náuseas que me provocan los políticos, salvo Julio Anguita y pocos más.
Llevaba, digo, nueve semanas y cuarto y mitad levitando del sofá al trabajo y del trabajo al sofá asombrándome de mí misma por haber pertenecido ingenuamente a la base de un partido político que por no «lavase» espero con todo mi ser que se ahogue en su propia inmundicia, cuando en la pantalla aparece ella en rueda de prensa, María Dolores de Cospedal, que parece haberse contagiado de la prepotencia y arrogancia de Rita y Ana, las alcaldesas peperas autoencantadas de haberse conocido, para escupirnos a los españoles y/o periodistas que la escuchamos lo imbéciles, estúpidos e ignorantes que podemos llegar a ser:
«Se trata de una indemnización diferida, con simulación de retenciones y pagos a la Seguridad Social como es debido...», dice Mariloli, y al intentar repetirlo sin chuleta es entonces cuando «se le lengua la traba» tipo Floriano con su atisbo de candidez perdida en forma de sonrojo por la vasodilatación o rubor facial que da el cava del bar del Congreso, que me lo ha contado un escolta que lo sirven en botellas de mosto y se ve que no es zumo de uva dulce por las burbujas, o lo he soñado yo que lo simula que no me acuerdo, total, a ver si una no va a poder inventar o improvisar como Mariloli.
Para mí que el tal Bárcenas, que va sobrado en estos momentos de gloria mediática, no tiene en su buena lógica de inmoral por qué arrepentirse ni un ápice de haber amasado una fortuna para que disfruten sus nietos cuando prescriban sus delitos contra lo ajeno y público. Porque a él no lo habíamos votado ni elegido democráticamente diez millones de gaviotas idiotas que escupimos hacia arriba sobre nuestras propias cabezas los detritus que ahora nos llueven encima.
La verdadera inmoralidad emana del aliento de estos políticos que en sus discursos nos insultan a todos los ciudadanos con semejantes invenciones semánticas indefendibles. Les saldría mucho más rentable a medio y largo plazo, pobrecicos, dar menos explicaciones increíbles sobre sus errores y en cambio pedir disculpas a los ciudadanos con un «no volverá a ocurrir».
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