Un sindicalista íntegro
Hay vidas que nacen para ser contadas y que se evaporan dejando tras de sí una maraña de recuerdos y de vivencias imposibles de arrinconar, imperecederas en el tiempo y dignas de ser admiradas. Sin ningún género de dudas, la vida de José Luis Iglesias se insertó en este apartado.
Hoy, día 27 de febrero, se cumple un año desde que el corazón guerrero de un añejo sindicalista se apagase irremisiblemente, y su pequeño despacho sigue sin ocuparse, tal como él lo dejo, solo falta el busto del Che, hoy en poder de su hija pequeña. La trayectoria de su vida es ya patrimonio cultural y ético del movimiento sindical y de la sociedad asturiana: medalla de plata de la villa gijonesa, a fin de reconocer simbólicamente el valor ético del comportamiento y su trayectoria vital como sindicalista y luchador social; detenido y encarcelado por la dictadura franquista; presidente de la sociedad cultural Gesto y con una trayectoria sindical en la USO de Asturias de más de cuatro décadas, donde ocupó diversos cargos, entre ellos, el de secretario general de la comarca de Gijón. Tratar nuevamente de resumir la vida de este íntegro sindicalista en apenas unas líneas se torna una tarea incompleta, a la par que imposible. Ahora que vivimos una época de recesión sindical y que nuevas alternativas vislumbran el camino en busca de soluciones, Iglesias representaba la forma más ortodoxa y visceral de ejercer el sindicalismo arcaico: subversivo y crudo pero eficaz.
Podía pensarse que, tal cómo están las cosas y hastiado de tanta lucha, resolvió retirarse a tiempo. Porque desde su marcha, aquí abajo seguimos pagando los de siempre los excesos y los desmanes de unos pocos banqueros y afines, que han provocado el cataclismo de nuestra economía, de nuestro trabajo y de nuestros servicios y derechos sociales.
Pero Iglesias, que vivió al inicio de su labor sindical una etapa de agitación social, fuertes movilizaciones obreras y de gran represión, se sentiría como pez en el agua en todo este embrollo. Como cuando a raíz de la histórica manifestación de marzo de 1965 en Mieres, que provocó una oleada de detenciones entre cargos sindicales, a los que el régimen privaría de la legítima representación ganada con el voto de los trabajadores, José Luis Iglesias fue encarcelado en Laviana. Fue entonces cuando decidió integrarse de lleno en la Unión Sindical Obrera, que era la organización más afín con sus ideas y su visión de la lucha sindical, unificando a partir de entonces su tricolor preferida: la JOC, la USO y sus rayas del tigre.
Siempre dentro de la Unión Sindical Obrera, a pesar de las crisis y escisiones acontecidas a lo largo de la década de los 70 del siglo pasado, ocupó cargos de responsabilidad en la dirección regional y en la rama metalúrgica. En 1983, al celebrarse el tercer congreso, entró a formar parte de la comisión ejecutiva de Asturias, y cuatro años después asumió la secretaría de acción profesional, con Rafael Marcos como secretario general. En marzo del 1991, con ocasión del primer congreso comarcal de la USO de Gijón, fue elegido secretario general, responsabilidad que revalidó en los tres congresos siguientes y que abandonaría en junio de 2005, cuando pasó a ocupar, en el octavo congreso regional, la secretaría de relaciones institucionales de la USO de Asturias.
José Luis Iglesias recolectó más de medio siglo de militancia obrera, en su mayor parte dedicado a la USO. Como sindicalista asumió siempre responsabilidades directivas a nivel local, regional y confederal, destacándose como un diplomático hábil y flexible tanto en su propio sindicato como con los empresarios y las organizaciones patronales. Participó destacadamente en los movimientos sociales y políticos contra la dictadura franquista y en defensa de los intereses obreros, realizando multitud de favores sin mirar jamás el perfil del contratante que los solicitaba.
Hoy, que una nube tóxica de corrupción y acoso al trabajador nos invade, la silueta de José Luis Iglesias debería estar presente para recordarnos la necesidad de seguir apostando por crear mundo y realidad digna de ser vivida, tendiendo una mano en favor de la libertad y de la defensa de los derechos de todos los trabajadores y trabajadoras. Hacen falta indignados que ayuden a cambiar todo esto, sí. Pero, sobre todo, necesitamos rebeldes honestos que se enfrenten con uñas y dientes a un sistema caduco y marchito que está a punto de reventar.
Como un tigre indómito. Como José Luis.
Javier Carneado y Francisco Baragaño, dirigentes de USO, Gijón
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