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A la atención de de Mercedes Fernández

28 de Febrero del 2013 - Paco Domínguez (Avilés)

Si de autoritarismo hablamos, señora Fernández, sobra decir que sus principios corren parejos, me refiero a los suyos y los del señor Álvarez-Cascos, cuando se trata de marcar territorio, no en vano es usted hija putativa, en términos políticos, del ex secretario general de su partido. Y si hablamos de esa impresión que usted tiene sobre la unión temporal de intereses espurios para debilitar su labor parlamentaria y con ello recoger réditos en forma de votos, hagamos un bosquejo histórico, forzosamente breve ya que la cosa tiene poco recorrido, sobre el relajo operativo que su partido, el PP nacional, vino consintiendo en esta delegación tan alejada de los centros de poder político, seguramente porque su escasa población limita el interés oficial. Políticos lapa tan nefastos para la prosperidad social y económica de esta región cómo los señores Gabino de Lorenzo, Ovidio Sánchez Díaz, Joaquín Aréstegui, Rozada y Goñi, entre otros, descuento a las señoras que también tienen su aquello, estuvieron décadas, algunos continúan tenaces viviendo del momio público, renunciando al gobierno autonómico en manos del socialismo arecista que ya sabemos en qué parámetros de corrupción se movía. Estos señores, y señoras que no nombro, vaya usted a saber la causa, no hicieron política parlamentaria seria porque, además de presentar un cuadro indolente, dirigieron todos sus esfuerzos al diseño de estrategias de supervivencia, y ahí están y ahí permanecen aquellos súbditos sumisos de un viejo cacique, de Lorenzo, y con el beneplácito de Génova 13. Estos son los lodos, llámelo herencia si el término le resulta más ilustrativo, que recoge y que no será usted quien depure, a juzgar por su forma de proceder. O renueva todas las cúpulas locales adocenadas y modifica, si es capaz, las estructuras de poder y la dinámica parlamentaria, o me temo que seguirá sine die clamando en el desierto de la desesperanza y haciendo depositarios a los demás de sus propios errores.

Al ciudadano le resultan poco creíbles las propuestas renovadoras en las instituciones asturianas si no empezamos por consolidar los cimientos de nuestra propia casa. Muchos de los políticos populares más afamados por su pertinaz sequía en la aportación de soluciones a toda la problemática actual que destruye el tejido social, ahí siguen, disimulando las carencias bajo el disfraz de la verborrea insustancial y el acatamiento servil, cuestión esta que parece agradarle en demasía. No vasta poner calcetines de ejecutivo para serlo, igual que no es suficiente alcanzar el acta de diputado, sobre todo cuando se va camuflado tras las siglas de un partido, para certificar la valía y honradez en el ejercicio público.

En la otra orilla del mismo río, el electorado debería tener el amparo unánime, que en muchos casos no tiene, de unos observadores sociales algunos llaman notarios de la actualidad- comprometidos con la democracia, antes que con los grupos políticos, para denunciar a aquellos arrivistas que llegan a la vida pública para instalarse cómodamente y servirse de las instituciones, al socaire de una transición poco exigente con la calidad humana, procedencia ideológica y prestigio profesional de los candidatos, y nada rupturista con algunos poderes que aún huelen a naftalina. Para más redundar en la adversidad que aflige al ciudadano, este periodo democrático se caracterizó por haber confeccionado una ley electoral, todavía en vigor, en función de las exigencias nacionalistas y que hace tiempo se manifiesta radicalmente injusta para el resto de las regiones del Estado, poco eficaz para frenar los anhelos independentistas de algunas comunidades históricas y hecha a la medida de intereses bipartidistas a costa de la soberanía popular que la Constitución consagra, privando al ciudadano de las herramientas democráticas básicas para la regeneración política. Suyo afectísimo Paco Domínguez.

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