La Nueva España » Cartas de los lectores » A vueltas con la plaza de abastos de Pola de Siero

A vueltas con la plaza de abastos de Pola de Siero

2 de Abril del 2013 - Benigno Martínez-Fuego (Marcenado (Siero))

Mientras repaso la prensa diaria, caigo sobre la noticia de que los puestos de venta volverán a la plaza de abastos de Pola de Siero la próxima primavera. La noticia aparece en las páginas de este diario el pasado 25 de noviembre y viene acompañada de una imagen fotográfica, el alcalde Eduardo Martínez Llosa, al que le recordamos en el acto de sesión de investidura su agria crítica contra su predecesor, Guillermo Martínez, al que acusó de abundar en fotografía y no pensar más que en salir en la foto, y si algo ahora es noticia son sus poses fotográficas, prueba de ello junto al concejal de Comercio, Manuel Ballestero, mostrando los planos en el interior de la plaza. La foto es real. Tal cual. No es un montaje ni una secuencia, esta vez parece que va en serio, lo justifican diciendo haber llegado a un acuerdo para la compatibilidad de usos en el recinto conocido popularmente como plaza cubierta, a la que ya por aquí se pensaba de forma ingeniosa, irónica, el sobrenombre de plaza del «stock», que no llegó a cuajar por la llegada del popular José Antonio Noval, sucesor de Corrales, que, muy atinado, rompe el entramado socialista y abre la plaza a todo tipo de eventos, lo que le dio un nuevo impulso al emblemático equipamiento.

Sí ya sé que me repito en mis artículos en este diario, donde diagnosticaba el estado moribundo de la plaza de abastos, a la que «donde quiera que se le ponga el tacto no se le encuentra el pulso». Es verdad que quienes enjuiciamos la reforma desde la ignorancia urbanística podemos caer en la tentación de adherirnos a los criterios del último experto que nos lo haya expuesto con conocimiento, lo que tal vez no sea exactamente como lo vemos, pero sí totalmente distinto a como pretenden hacérnoslo ver, y de convencernos de lo contrario que ven nuestros ojos.

La plaza de abastos viene marcada por las obras, las realizadas a finales de los ochenta, durante el mandato del socialista Manuel Villa, reforma interior donde el diseño primitivo sufre variaciones importantes que conllevaron a la pérdida de escala y a la imposibilidad de disfrutar del espacio interior; los comerciantes sufren las consecuencias del deterioro comercial y culpan de ello a la reforma, que debería haberse llevado a la Corporación entera por delante. Con el acceso a la Alcaldía de los populares, pronto se barajó la idea de una nueva reforma interior que devolviera al edificio un aspecto similar al primitivo y restituir el prestigio. Reforma que llega en el segundo mandato del socialista Juan José Corrales, con un proyecto pensado para compatibilizar usos comerciales con otros públicos, pero ya desde el principio el regidor deja claro que no quería el comercio de alimentos con otros usos y que no volverían a tener sus puestos los 17 comerciantes reubicados en un bajo de la calle Marquesa de Canillejas, donde aún siguen. Y es que estaba cantado, la sorpresa hubiera sido lo contrario, nunca formó parte del guión la promesa hecha a los comerciantes del retorno a la plaza, prueba de ello es que ya no se hizo en base al convenio firmado a tres bandas con Ayuntamiento, Ministerio de Fomento y el Principado, y ahora el punto de mira y de sospecha está en la pasta, pero «no en la de comer, sino en la otra», ya que se otorgó en base al uso comercial del recinto y, claro, esto nos coge con el pie cambiado a todos, y convendría averiguar la operación más desvergonzada que se hizo en el siglo.

Lo que se hizo y contemplaba el proyecto inicial, la plaza como espacio polivalente, tanto es así que los puestos eran desmontables, al igual que las toberas de aire y de luz, que se podían quitar en media hora para poder hacer cualquier actividad con los 3.000 metros cuadrados de planta libres. Los puestos iban posados sobre pavimento continuo de granito y lo que se ponía encima es una caja donde se colocan los puestos de uno en uno. Los puestos de módulos eran de acero y vidrio y desmontables, los módulos eran de 3x3 metros, pudiendo coger cada uno los que quisiera. El mínimo estaba previsto para un quiosco de periódicos o lotería. Llevaba unos 40 puestos y serían unos 360 metros cuadrados lo que ocuparía la superficie comercial de la plaza.

Esto es el plano que el alcalde Eduardo Martínez Llosa y el concejal de Comercio, Manuel Ballesteros, deberían observar en el interior de la plaza cubierta y dar una explicación convincente que les exculpe de por qué no se ejecutó, y no fotografiarse poniendo rostro de engaño con el elaborado por los servicios técnicos municipales, que no sirve más que para recordarnos cómo se gastan millonadas en obras catastróficas y se mantienen en la poltrona.

Benigno Martínez-Fuego

Marcenado (Siero)

Cartas

Número de cartas: 50575

Número de cartas en Agosto: 182

Tribunas

Número de tribunas: 2209

Número de tribunas en Agosto: 1

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador