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Solidaridad vs. caridad o reconocimiento

3 de Marzo del 2013 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

La caridad no es compasión ni lástima, la caridad es sencillamente amar al próximo y reconocerle como a uno mismo; y, desde luego, no aconsejo que uno se tenga lástima de sí mismo. Sin embargo la solidaridad es otra cosa.

Podemos ver que los átomos de carbono son todos iguales, pero su comportamiento difiere bastante según se solidaricen. Los hay que se solidarizan orgullosos, sin compasión por nada o por nadie; y, fieles a esa solidaridad con sus congéneres, dan como fruto un diamante: brillante, duro, capaz de rayar a cualquiera. Esto me recuerda que mi hija, cuando emplea su defensa racional del género femenino, me dice: «¡Quieto padre! ¡No me rayes!». Ciertamente, y con razón, mi hija se solidariza con el feminismo porque: a estas alturas en las que comprendemos que somos fruto de nuestra educación cultural, y que ésta, de racional, sólo tiene el tiempo que le queda para ser falsada; ya me dirán ustedes: ¿quién puede argumentar a favor del machismo? Para alguien que quiso ser astronauta antes que habitante de este planeta, que acabó siendo tan sólo un opaco grafito blando que se va deshaciendo en láminas al mínimo roce con la superficie del papel que le ha tocado vivir en esta vida defendiendo el género humano, eso no es posible. Pues no se solidariza de esa forma aunque sea átomo de carbono, y no raya, tan sólo llega a manchar con una mancha que, con una simple «Milan 430», se borra. La solidaridad es que: si A=B y A=C, y también B=C, si además DA, entonces ocurre que D es un extraño y, como extraño, debe ser tratado: o se integra o se le aparta. Esto lo explica siempre don Gustavo Bueno: «la gente sólo se solidariza contra algo o alguien». La solidaridad tiene muy poco de caritativa. La caridad, como el reconocimiento, es otra cosa. Si uno se ama a si mismo y se sabe perteneciente a una gran totalidad de seres distintos que también se aman a si mismos y son capaces de amar a los demás, entonces uno no se siente amenazado por todos esos tan capaces, buenos y mejores, sino que simplemente les reconoce como lo que son. Esto, según explica Desmond Tutu, es ubuntu y, lo contrario, pertinaz envidia. La caridad consiste en que: si AB y AC y también BC, siendo además que DA y DB y también DC, entonces ocurre que D no es un extraño, sino un afín: un diferente como todos y, como diferente, lo aceptamos y nos congratulamos de su existencia.

Cuando los populismos empiecen a solidarizar igualitariamente a la gente, y busquen chivos expiatorios sobre los que enfocar su solidaridad, entonces habremos fracasado. Las masas, viéndose obligadas a abominar de los líderes políticos y culturales que les han engañado para luego angustiarles la vida y no darles empleo ni ocupación, perdida toda confianza en sí mismos, buscarán recuperarla aceptando discursos de demagogos y seguirán en el engaño de siempre. Una situación que puede dar paso a una lamentable involución.

P.S.: A José Manuel Palacio Álvarez, un buen alcalde de Gijón, se le niega una céntrica avenida por motivo de una manifestación popular: son las cosas de la brillante y diamantina solidaridad, que siempre alientan los demagogos.

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