Los juegos escolares y Miguel Cardenal
Don Miguel Cardenal, presidente del Consejo Superior de Deportes, ha respondido rápidamente a mi artículo del viernes pasado «De vuelta a los sesenta» y me he decidido a contestarle. Me produce un gran consuelo su empeño en ofrecer explicaciones al contenido de mi humilde artículo, puesto que parece no estar muy de moda darlas por parte de los responsables políticos a los ciudadanos. Lo que debería ser normal acaba por resultar digno de agradecer.
Resulta, por el contrario, desalentador lo incomprensible de dichas explicaciones. Francamente, no sé si sus razonamientos son maniobras de despiste, pero me hacen evocar las frases preferidas de Homer Simpson para triunfar en la vida. La primera de ellas, «no digas que he sido yo», me viene a la mente cuando alude a lo inviable de cuadrar el presupuesto y mantener la subvención a los Juegos Escolares simultáneamente, colocando esta supuesta imposibilidad fuera de la esfera de su responsabilidad. Desafortunadamente, todos los españoles vamos teniendo la suficiente experiencia en recortes domésticos y laborales para saber que, por más «inelásticas» que sean algunas partidas, siempre hay soluciones si se tiene voluntad para ello. Esta voluntad es su deber y no quiero aburrir a los lectores con detalles técnicos sobre el presupuesto. Además, estoy seguro de que el CSD cuenta con funcionarios mucho más capacitados que yo para hacer ese trabajo.
Acude a mi memoria la segunda frase, «¡qué buena idea, señor jefe!», cuando habla usted de la distribución del dinero de las quinielas, como si la normativa por la que se rige fuese un arcano contenido en las tablas de la ley e imposible de modificar, en un país que cambió su Constitución en cuestión de horas cuando fue necesario. También cuando distingue entre base y élite, como si lo que son dos caras de la misma moneda fuesen realidades separadas por un océano. Ya supongo que exprimir todo lo posible a la élite actual produce un rédito político inmediato, seguramente muy necesario para abrillantar la maltrecha imagen de su gestión, pero «no era eso».
Finalmente la tercera frase, «cuando yo vine esto ya estaba así», aparece nítidamente cuando se refiere usted a la herencia del anterior gobierno socialista. Yo había eludido deliberadamente dar siglas políticas, pero resulta chocante que califique la política económica de aquel gobierno de «errática» (según la RAE, «que cambia de rumbo con frecuencia y sin fundamento») cuando el propio presidente Rajoy ha reconocido haber incumplido todas sus promesas electorales, en sólo quince meses, y ello sin mejorar ni una de las cifras económicas fundamentales (paro, déficit, deuda, PIB, etcétera). Es desconcertante que reniegue usted de la herencia recibida, cuando el deporte español le ha sido entregado en el momento más brillante de su historia (base y élite). Se me antoja un ejercicio de funambulismo dialéctico intentar explicar que hay cuarenta mil millones para salvar bancos y no 5 o 6 o 7 para salvar los Juegos Escolares.
Me produce un gran consuelo, señor Cardenal, que su sueldo sea menor que el del presidente del Gobierno. Puede que incluso sea pequeño para las múltiples obligaciones que conlleva su cargo. Le invito a que haga un alto en ellas y utilice algo de su tiempo en ir a ver un entrenamiento de deportistas jóvenes, obsérveles en un día de frío, lluvia y granizo, mientras se ejercitan duramente (¿no es esto suficiente élite?) sufriendo muchas veces lesiones y sinsabores. Emociónese conmigo viendo su alegría, tan limpia, cuando triunfan, y su orgullo cuando llegan a competir vistiendo los colores de España. Si estos jóvenes no pueden disputar los Juegos Escolares, ellos y muchos ciudadanos sufriremos desconsuelo y amargura.
Yo puedo seguir protestando y ambos podemos seguir debatiendo, no creo que ello tenga que ver con bajar los brazos o tirar la toalla. Que usted no lo haga es precisamente lo que exigimos los ciudadanos, que cumpla con su obligación como presidente del CSD, liderando las negociaciones y gestiones necesarias para que nuestros jóvenes deportistas puedan disputar los Juegos Escolares. Si lo hace puede que sigamos discrepando pero, triunfe o fracase, al menos entenderemos sus explicaciones.
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