Un golpe de autoridad
Lejos de ser un bello llanto de la aurora por el triunfo del desengaño, el golpe de autoridad que reivindicó Sergio Ramos tras el vespertino triunfo madridista es algo más que la restauración del respeto deportivo; que por otra parte nadie le hurta a la escuadra azulgrana, pese a sus dos derrotas consecutivas. Esta pequeña auto-oda triunfal trasciende los pindáricos edificios para escenificar alegoría del estado de ánimo de la opinión pública española tras el reciente Debate sobre el Estado de la Nación, que nadie duda que principia una senda de refuerzo de la autoridad del Presidente del Gobierno digna de pítico galardón. Alegoría de la autoridad política no sólo frente a las "peinetas" de la deslealtad, cuya encarnación -para su desgracia- se ha encomendado al deporte catalán, por parte de divisivos chantajistas que repugnan como rufián pastelón, repostero del alterne o afincado en buzón ajeno; sino porque es congruente con la gloria del deporte, de igual forma que la autoridad pública tiene que ser congruente con los intereses públicos más allá de las pretensiones partidarias.
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