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El gasto en ciencia no es un error

12 de Marzo del 2013 - Andrés Abad Rodriguez (Ginebra)

Estimada directora de LNE, le envío esta carta en respuesta al artículo de don Javier Neira Estrada: http://www.lne.es/opinion/2013/03/01/pistas/1375899.html.

Actualmente trabajo en el laboratorio que el señor Neira menciona, y tras la lectura del artículo no puedo más que exponer mi indignación y sorpresa por tan desmesurado despropósito.

Obviando el primer párrafo, empieza el segundo ya con un error: «El corazón del CERN es el LHC, el súper colisionador de partículas elementales pesadas», dice. No, LHC es el acrónimo de Large Hadron Collider, cuya traducción es Gran Colisionador de Hadrones. Las partículas usadas hasta ahora han sido protones e iones de plomo. Pero, bueno, este no es un error muy grande. Solamente una traducción a la altura de lo que nos hacen a veces con los títulos de las películas. Tranquilos, que mejora.

Dice después que los EE UU valoraron construir uno parecido. Error. Comenzaron con la construcción, pero en el año 1993 fue cancelada debido al gasto excesivo (más de lo que aportaba EE UU a la Estación Espacial Internacional). Este gasto fue en parte por el tamaño (87 kilómetros frente a los 27 del LHC), que tenían que hacer todo el túnel y el complejo mientras que en el CERN ya estaba hecho, etcétera. Ya se sabe, allí, si se hace, se hace todo a lo grande. El autor del artículo ¿leyó? un libro sobre ello, pero además de documentarme, mi jefe trabajó allí. Así que tengo información de primera mano. Por si fuese de interés, el nombre del acelerador en cuestión era Superconducting Super Collider.

En EE UU, como aquí, se hacen estos experimentos con dinero público, porque no hay una empresa privada que los realice; pero ¿por qué? Pues, porque este tipo de investigaciones no tiene normalmente un retorno de la inversión inmediato. Además, como le pasó a EE UU, este tipo de experimentos son imposibles de afrontar para un solo país. Por eso uno de los éxitos del LHC es la colaboración de decenas de países en aras de la consecución de un objetivo común. De hecho, viendo cómo funcionamos, cada vez hay más países interesados, y el laboratorio se está abriendo para convertirse realmente en un laboratorio global con la entrada oficial de nuevos países miembros (aunque ya hay gente de todo el mundo colaborando con los diferentes experimentos).

Mantener el CERN cuesta 870 millones de euros anuales. Parece mucho, pero ¿eso cuánto es en realidad? Pues, tan fácil como el presupuesto de los dos grandes de nuestro fútbol durante una temporada (este año el Real Madrid tiene 517 millones presupuestados, y el Barça, 470 millones). En términos de la región también lo podemos comparar: Metrotrén de Gijón: 500 millones entre lo construido y lo que falta, Calatrava de Oviedo: 350 millones, Niemeyer de Avilés: 40 millones.

Lo que costaron estas tres joyas de la corona a Asturias es lo mismo que pagan 20 países por mantener el CERN. Pero, claro, no se va a comparar el mayor centro de investigación de física del mundo con el gran agujero sin uso, un centro comercial que se cae desde su inauguración a cachos y un centro cultural que nadie sabe muy bien para qué utilizar una vez que se hicieron la foto de rigor. Pero aquí reconozco mi ignorancia. Reconozco que no puedo ver que tener un cuarto o quinto Zara y otro McDonald’s en el Calatrava aporte un beneficio tanto social como económico mucho mayor que la investigación científica.

Me hizo mucha gracia lo de los estadísticos del tercer párrafo. ¿Espera el autor que le traigan el bosón en una cajita y brille como en «Ángeles y demonios»? No, no lo espera, porque sabe, según él, que las matemáticas son «metáforas al cubo», que no existen. Pero ¿de verdad se puede escribir esa barbaridad? Pero, sigamos.

Otra muestra de ignorancia es cuando habla en el cuarto párrafo de la materia oscura y de la investigación. ¿Se creerá que los descubrimientos se pueden hacer en un domingo de tarde con un telescopio de Feber y una calculadora Casio?

Para acabar me gustaría repasar algunos avances que usamos hoy en día gracias a esta investigación básica, ya sea directa o indirectamente relacionada con los experimentos. Incluso no voy a hablar ni de los avances en física.

Seguramente este periodista introduzca sus «reportajes» a través de la web de LA NUEVA ESPAÑA y se «documente» en internet navegando por diferentes webs..., oh, espera, ¿dónde se inventó la web? Ah, sí, en el CERN. Tendrá sus datos en la nube..., mmm, ¿y el precursor de las nubes o «clouds» no era el GRID que usan para analizar toda la información proveniente del LHC? ¡Sí! ¿Sabían ustedes que muchos de los tratamientos de radioterapia usados ahora y futuros se investigan ahí? ¿Sabrá este caballero de otros muchos avances realizados y aplicados luego en la industria en electrónica, imagen médica, energía limpia con placas solares más eficientes que las actuales, seguridad industrial, etcétera? ¿Conocerá las investigaciones sobre antimateria y las enormes posibilidades, sobretodo energéticas, que puede conllevar su entendimiento y dominio?

Estoy por apostar que si este caballero viviese en el siglo XIX diría lo mismo cuando se descubrió la electricidad. Sobre esta hay una anécdota que ilustra perfectamente el porqué se debe investigar aunque los conocimientos adquiridos no tengan una aplicación inmediata. El científico Michael Faraday le dijo a William Gladstone, ministro de Hacienda británico, cuando le interrogó sobre la utilidad práctica de la electricidad: «Sir, estoy seguro de que pronto podrá usted gravarla con impuestos». ¿Qué haríamos a día de hoy sin electricidad?

Lo que más me entristece es que si en vez de encontrar el bosón de Higgs, alguna terapia contra el cáncer menos agresiva para el paciente o algún otro descubrimiento que permitiese ampliar de alguna manera el conocimiento humano hubiésemos descubierto cómo producir el doble de sidra con la misma cantidad de manzana, este caballero seguramente nos estaría alabando y ensalzando.

Espero de verdad que este artículo sea algún tipo de error, porque no me puedo creer su contenido. Aunque explicaría mucho del por qué Asturias y el país en general están como están.

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