Cien líneas para no leer
Comprendo que debe ser muy difícil escribir una columna diaria y ser siempre
original, imaginativo, brillante y elocuente, pero creo que lo de Javier Neira en sus
Cien líneas es otro problema porque lleva ya mucho tiempo sin ser elocuente,
brillante, imaginativo y, mucho menos, original.
Y viene esto a cuento del artículo que publica hoy y en el que dice que el PP local ha vivido un congreso a la albanesa porque ha elegido a su presidente con 341 votos a favor de los 344 emitidos. Neira plantea que hubiera sido más democrático que hubiera tenido el 60 % de los votos a favor y el resto en contra. Eso lo dice ahora, porque estoy seguro de que si ese hubiera sido el resultado en su comentario hoy hablaría de división interna, liderazgo cuestionado y todo por el estilo.
El señor Neira lleva tiempo demostrando que vive, como columnista, de llevar la
contraria sin ningún rigor ni razón más que llevar la contraria. No hay coherencia,
ni ideas claras, ni criterios homogéneos y racionales de análisis. Sólo hay dar
patadas en la espinilla por darlas, para desmarcarse o para generar aparentes
enemistades que impidan cualquier reacción de su propia empresa (ante la
posibilidad de que pueda entenderse que la medida está sugerida por alguna de
las victimas) para dignificar un espacio tan importante como el que ocupa con
sus cien líneas sin contenido. Sin duda Neira es hábil: dando palos a diestra y
siniestra, aunque la mayor parte de las veces sea sin razón alguna, se garantiza la
continuidad porque sus jefes preferirán mantener la baja calidad en esa sección a
que se pueda tan siquiera sospechar que lo apartan por presiones externas de las
pobres víctimas de tan pretencioso e inconsistente articulista.
Ciertamente es sorprendente que un periódico tan serio como La Nueva España
permita que un espacio tan noble como el del primer comentario que sus lectores
pueden leer esté ocupado por tanta banalidad y tanta inconsistencia, por mucho
que se la trate de disfrazar con tintes cómicos.
Ahora que tan de moda está lo de renovar las estructuras, un medio que tan de
cerca sigue el sentir de la sociedad reclamando esa renovación en la vida pública
debería dar ejemplo mirando para sus propias secciones. Espero que alguien
se dé cuenta de que las cien líneas de Neira en vez de coger solera y calidad con
el tiempo, están descomponiéndose a marchas forzadas para convertirse en el
corralito de un personaje contradictorio de los que exigen a los demás lo que
ellos nunca son capaces de hacer. Sólo deseo que LA NUEVA ESPAÑA no siga ese
ejemplo (exigir a los demás lo que uno no hace) y se dé cuenta de que un medio
de comunicación no puede ser reo de los vaivenes intelectuales y personales y
de las filias y fobias de un personaje de estas características. El único que parece
albanés o soviético por como usa y abusa de la prebenda que supone disponer de
un artículo en La Nueva España es Javier Neira.
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