Corrupción
Hace poco entrevistaban en la radio, hablando de la corrupción, a la señora Celia Villalobos y decía que los ciudadanos no deberíamos votar nunca a políticos implicados (presuntamente o no) en casos de corrupción. Y yo pensaba que estaba de broma.
Lo digo porque ignoro cómo se hace tal cosa, teniendo en cuenta que son los propios partidos quienes colocan a «esos políticos» en sus listas (cerradas y blindadas por supuesto) y ocupando los primeros puestos, casi siempre, para asegurar así su elección.
Nuestra democracia está tristemente plagada de casos de corrupción: Naseiro, Filesa, Maliaya, Gürtel, Pokemon, Marea, ERES de Andalucía, Campeón, Payerols, Oriol Pujol, Noos, etcétera. Además de los casos de blanqueado de dinero, cuentas en paraísos fiscales, pagos de dinero en clase B, malversación de fondos públicos (caso Niemeyer, por ejemplo) y toda clase de atropellos. Y aquí nadie dimite, ni devuelve lo sustraído o malversado, nadie paga multas ni va a prisión (que aluden con sus forradas cuentas bancarias). Y no sólo eso, sino que hasta pueden ser premiados por sus fechorías: al señor Grueso se le obsequió con un cargo en la Comunidad de Madrid y al señor Bárcenas se le permitió disponer de despacho en la sede del PP y seguir cobrando de este partido.
Mientras, la carta política sigue gozando de sus privilegios (a pesar de esa crisis creada por políticos, banqueros, especuladores y demás). Me refiero a sueldos vitalicios, viajes en clase de primera, coches oficiales (sin copago, claro), dietas libres de impuestos incluso de pernocta en Madrid aun poseyendo piso en esa ciudad, en algunos casos percibiendo dos o más sueldos... Nos acusan de vivir por encima de nuestras posibilidades cuando son ellos, los políticos, quienes vivieron y continúan viviendo y además descaradamente por encima de las posibilidades de este derrotado país.
Muchas cosas tendrán que cambiar porque estamos hartos del paro, de los desahucios, de los recortes, de subidas de impuestos, de congelaciones salariales y demás. Exigimos que los delitos de corrupción no prescriban, que sean castigados con penas más duras y aplicadas con rapidez y rigor y sin posibilidad de indulto. Y por supuesto que los corruptos sean apartados de la vida política a perpetuidad. Y que se tipifique como delito de malversación de fondos y la financiación ilegal de los partidos.
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