¿A qué espera Ángel González para dimitir?
O, en su defecto, ¿a qué esperan los órganos competentes de IU de Asturias para destituirlo de los cargos que desempeña?
Podría perfectamente terminar aquí esta carta y sería suficientemente explícita, pero prefiero extenderme un poco más para intentar aclarar lo que debería ser palmario para todos: González debe dimitir porque la mujer del César no sólo ha de ser honesta, sino parecerlo. González debe dimitir porque cada día que se mantenga en sus funciones resta credibilidad y coherencia al ideario que nuestra organización postula. Y González debe dimitir porque está imputado y, en casos semejantes a los suyos (es verdad que no idénticos, pero la figura de la imputación sí se repite) IU ha pedido la dimisión o cese de las personas inmersas en semejante embolado.
Esta última razón debería ser suficiente para que él, sin que nadie le tuviera que hacer ninguna indicación, abandonara las responsabilidades que ocupa y no se aferrara a su cargo esgrimiendo (hasta ahora nadie lo ha puesto en duda) que no ha metido la mano en la caja. ¡Faltaría más! Si hubiera siquiera algún indicio de ello tendría que ser expulsado de manera fulminante. No se trata de eso. Es algo mucho más sencillo; tanto que casi da pudor tener que explicarlo: en los casos de Migoya, Madera y Francisco González, IU, con muy buen criterio, ha pedido que sean apartados inmediatamente de sus tareas orgánicas y representativas. ¿Por qué curiosa ley del embudo lo que exigimos a otros no lo aplicamos en nuestra propia casa?
Si Ángel González sale indemne de las causas en las que está inmerso, tiempo tendremos para rehabilitarlo y reponerlo en cargos iguales o semejantes a los que ahora ostenta (si los electores así lo disponen, claro), ya que es suficientemente joven para que su carrera no acabe aquí. Y si ello no fuera posible, no pasa nada, porque aquí nadie es insustituible y por reintegrarse al ámbito laboral no político y seguir apoyando desde la base no se le va a caer ningún anillo, ¿verdad?
Esta dimisión (o cese, si fuere necesario, aunque la dimisión sería mejor opción) contribuiría a refrendar los afanes renovadores, participativos y de horizontalidad con que Orviz alcanzó la coordinación general de IU de Asturias. Lo contrario, me temo, reforzaría tesis bastante manidas acerca de que todos son iguales. No vale situarse en esa displicente superioridad moral a la que, en ocasiones, somos tan dados y que tanto me saca de quicio, como si no tuviéramos que dar explicaciones a la ciudadanía que confió en nosotros (y a la que no confió, también, que para eso algunos cobran buenos salarios pagados por todos) o como si estuviéramos por encima del bien y del mal, cual Cristo caminando sobre las aguas. Allí donde se manejan dineros y se toman decisiones que afectan al común, siempre se van a producir comportamientos que susciten sospechas, eso es inevitable. De lo que se trata es de cercenar estos comportamientos en el mismo momento en que se detecte cualquier praxis que se salga de lo decoroso. Sin estigmatizar a nadie hasta que los jueces hablen, pero sin medias tintas.
Por cierto, poco me han gustado de Orviz sus alusiones a posibles intereses bastardos o espurios en las críticas recibidas por la gestión (o ausencia de ella) del «affaire González». Para despejar cualquier duda: mis intereses son los mismos que en los veinte años de militancia que me preceden, o sea, lograr que IU sea una organización política que dé respuesta a las necesidades de los ciudadanos poniéndose al servicio de ellos y no considerándolos como meros depositantes de una papeleta una vez cada cierto tiempo. Y lo que la ciudadanía está reclamando de los políticos, en estos momentos, creo que todos lo sabemos. Actuemos, pues, en consecuencia.
Luciano Hevia Noriega,
(militante de base de IU de Parres) Barcelona
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