¡Jabata!

5 de Marzo del 2013 - Arturo Arbesú García (Oviedo)

Leía el relato de la hazaña, porque hazaña considero lo ocurrido, cuando hoy en día es casi insólito encontrarse con personas que defiendan con valor y coraje, como ha hecho la camarera de la cafetería de la calle Calvo Sotelo, la justicia y el patrimonio, no suyo, a mayor mérito, el de otros, persiguiendo, con arrojo, desentendiéndose de los peligros con que se podía encontrar, al delincuente que había traspasado los límites de la justicia, normas de convivencia, orden, que los humanos nos hemos impuesto, para que la existencia no constituya un modo salvaje de vivir. Perseguía a un hombre que había robado en la cafetería donde trabaja consiguiendo que le detuviese la Policía. Ni más ni menos, vamos. Lo dicho, ¡una jabata!

Y pensaba: a la extraordinaria señora camarera protagonista del acontecimiento habría que nombrarla «fiscal del reino».

Y, seguidamente, me preguntaba ¿cómo no emplearán esa velocidad, esa diligencia, tampoco tenía medios la camarera, adelanto, quien tiene el deber, y cobran por ello, infinitamente más que la «jabata camarera», señora de la cabeza a los pies, señora: a sus pies, en defendernos de esos impresentables, chorizos, corruptos, lameculos, trepas, defraudadores, malversadores de caudales públicos, que respaldados por la credencial de político o representante de la cosa pública, en los diversos ámbitos, nos están robando a mansalva, despilfarrando el erario sin ton ni son, ni a cuento de qué, que se enriquecen asquerosamente, quitándonos el pan y el agua, degradándonos hasta la impudicia, y a la postre, se diluye el asunto en cuestión, como un azucarillo en un vaso de agua, con la palabra mágica, metafórica de «prevaricación?» ¡Es delinquir! ¡Es, de suyo, apropiarse de lo que no es suyo! Y punto. ¿Por qué no se custodian nuestros bienes, los comunes, los públicos, con la infranqueable fortaleza, controles y seguridad exigidos? Cualquiera en este país tiene la combinación de la caja. Pero ¡esto qué es! Y lo más deplorable; ¿por qué tanta benevolencia con quienes pisan la raya de la decencia y traspasan ese umbral abriendo la sagrada caja «débil», que de fuerte, por lo que se ve, no tiene nada, donde se guardan los derechos, los valores, las esencias, los esfuerzos, los sacrificios, los anhelos, las esperanzas y las ilusiones, muy denostadas ya, desgraciadamente, de tantos españoles, abnegados, honrados, esforzados, recortados, exprimidos, consecuencia de los aberrantes desmanes de esos indecentes desalmados, a los que me vengo refiriendo, entre otras causas?

¿Y por qué ese compadreo y el absurdo y despreciable corporativismo y politiqueo?

¡Al trullo con ellos! Como decía una, por lo demás apreciada persona conocida mía: Esto lo apruebo yo, por unanimidad. Pero, ¡alto! Antes, que devuelvan lo que se hayan embolsado, derrochado, beneficiado, subvencionado, indemnizado, malgastado o malgestionado. ¡Que se van de rositas, oiga, que aquí nadie devuelve nada! Que la condición «sine qua non» es que lo devuelvan «todo», lo latente y lo patente. Oiga, ¡¡¡todo!!!

Me imagino que el Poder Judicial, vamos, sus miembros, es conocedor de la actitud ejemplar y el carrerón que se dio la valiente camarera. La finalidad básica era, miren ustedes por dónde, subsanar una injusticia.

Y ya que estamos en harina, para extirpar cuanto antes la pléyade de indeseables corruptos que afloran como hongos en este país, pregunto: ¿ese Poder Judicial no puede acelerar, «un pelín», el paso? Un pelín.

Señora camarera: Me he desviado del núcleo de mi exposición, lo siento. Mi intención era expresarle mi felicitación por su ejemplar comportamiento y desearle una pronta recuperación física y moral. ¡Ha estado magnífica! Que el ladrón haya aprendido la lección y se corrija, el propietario sepa reconocer su lealtad y usted disfrute de un trabajo seguro en la compañía de sus seres queridos. ¡Se lo merece!

Y ya que estamos en harina, para extirpar cuanto antes la pléyade de indeseables corruptos que afloran como hongos en este país, pregunto: ¿ese Poder Judicial, no puede acelerar, «un pelín», el paso? Un pelín.

Señora camarera: Me he desviado del núcleo de mi exposición, lo siento. Mi intención era expresarle mi felicitación por su ejemplar comportamiento y desearle una pronta recuperación física y moral. ¡Ha estado magnífica! Que el ladrón haya aprendido la lección y se corrija, el propietario sepa reconocer su lealtad y usted disfrute de un trabajo seguro en la compañía de sus seres queridos. ¡Se lo merece!

Arturo Arbesú García, Oviedo

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