Nunca, jamás
Parece increíble que sabiendo todos tanto, teniéndolo tan claro y tan redondo nos haya podido suceder todo eso.
Medios de comunicación radiados y escritos, programas informadísimos e interminables tertulias radiofónicas nos lo explican, analizan y mastican, sin olvidar el más mínimo detalle ni rendija: corrupción generalizada, de amplísimo espectro, investigado hasta el último rincón, sin posibilidad de escapatoria.
«Todos son iguales», se dice. Pero cuando se afirma que todos son iguales, por supuesto que nos referimos al adversario. Nosotros, no, nunca, jamás, en ningún momento ni ocasión. Ni siquiera cuando Dios nos puso donde había, que entre nosotros ya es decir.
«Dios nos ponga donde haiga», decían los abuelos cuando no había nada en ningún sitio. Nos apropiamos, si acaso, de algún pitu de caleya, unas panoyas o un charolo de hierba ajena, poca cosa, peccata minuta. Se vivía en pecado venial. No teníamos ni pajolera idea acerca de cualquier tipo de «burbuja», aunque sí estábamos al tanto de cuáles eran las primas de riesgo. Los pelotazos, por otra parte, eran aquellos que nos sacudían en el recreo.
Al hacernos mayores no fuimos capaces de merecer o alcanzar «sobre» alguno. Tuvimos, eso sí, algún sobrín que se lo acabará quedando todo, pero a la luz del sol, con luz y taquígrafos.
Parece imposible que nos haya pasado todo eso, sabiendo todos tanto, teniendo todo un cúmulo de sensaciones clarísimas, siendo capaces de leer en el viento. Pero hay que leer antes de que el viento pase, antes de que el carro entorne. Y tener cuidado con las afirmaciones que no estén probadas y, por ende, no verdaderas. Esto es esencial en el campo de la ciencia y válido en otros campos.
Parece ser que ya se robaba, presuntamente, en tiempos de los romanos, y aun antes, en la época de grandes filósofos, que aunque no publicaran nada escrito se sabía todo a través de la palabra. Ya viene de lejos, pero lo que ahora parece interesar es hacer creer que es cuestión de unos meses para acá.
Pero veamos la tele y escuchemos tertulias. Eso es lo que tenemos que hacer si queremos enterarnos de algo, aunque sea presuntamente, sin pensar en otra cosa ni por el día ni por la noche. Al menos ya nos denominan ciudadanos, algo que apenas sucedía hace cuatro días. Vamos ganando. No es moco de pavo.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

