Un robo social
El día 3 de marzo, como es una costumbre arraigada, comenzaron a llegar al centro social del hermoso pueblo de Collado (Siero) los vecinos de la zona con el fin de pasar como siempre una tertulia mañanera alegre, comentando los sucesos de la semana compartiendo una sidrina juguetona u otras bebidas como cafés o productos de dulce o de pincheo.
A las 11 de la mañana se abría todos los domingos el local, pero en esta ocasión ya estaba abierto, porque durante la noche un robo se llevó la televisión nueva, un conjunto de gaitas con sus aditamentos de grupo musical, que según decían los empleados valían más de un millón de pesetas, y una serie de cajas con chocolate y otros productos de venta en el mostrador, y hasta una botella de coñac Torres sin descorchar, seguramente para celebrar los ladrones «este hecho tan significativo». A esto hay que añadir una serie de pequeños aparatos complementarios de radio, televisión y otras pequeñas cosas de servicios útiles para la gente, como las barajas de jugar. Y esto en el centro social del pueblo y en un lugar tan especial como fueron las escuelas, que ya vienen funcionando como centro social durante más de 10 años. También se debe mencionar el estropicio de las puertas de madera con otros aditamentos.
Ahora vienen las preguntas: ¿quién o quiénes fueron los asaltadores? Mientras no se descubra oficialmente nada se puede asegurar de forma cierta, pero, en fin, la gente del pueblo comenta y habla sobre personas que andan o visitan estos lugares rondando durante el día o la noche, con lo cual se multiplican las sospechas y dan sentido al robo. Quizá les falte razón, pero es lo primero que se piensa. Hasta pudiera ser –pensando mal– uno del pueblo muy cercano al centro social que conoce perfectamente todo el contenido interior. Los comentarios son diversos, incluso se especula con algún grupo, que se les ve vigilar en torno al edificio y conoce el valor del ajuar. Simplemente se trata de sospechas espontáneas y nada más.
Lo peor de este robo es que siembra en el pueblo temores y falta de seguridad y hace difícil mantener una convivencia y un espíritu de colaboración y es que lleva a los vecinos a un alejamiento y precauciones. Por ello, no hay derecho, porque la vida social de un pueblo y sus costumbres se deben respetar al máximo y sobre todo si existen unas instalaciones o juegos de cierto valor a su servicio y para el bien de todos. Este es un encuadre triste pues aleja a los vecinos de un ocio sano y el de poder pasar un fin de semana con satisfacción y alegría en compañía de sus conocidos. Y todavía peor, porque aleja de la gente la posibilidad de unir cultura, música, bolos, fiestas locales y momentos de convivencia populares. Esperemos que las investigaciones de las autoridades den pronto sus frutos y el pueblo de Collado pueda seguir gozando de la convivencia y tranquilidad de esta zona rural.
Serafín Rodríguez, Oviedo
Serafín Rodríguez
Oviedo
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