Cuando los antónimos de convierten en sinónimos
Ocurre entonces que el propósito es un despropósito de los que proponen y disponen para regalarse una vida en la que todos, o casi todos, sus caprichos son alcanzables. Y todo a costa de quienes no pueden satisfacer ninguno o, como mucho, algún que otro mínimo, y que, la mayoría de las veces, aun sabiendo cómo son usados, se muestran incapaces de poner los bueyes delante del carro.
¿Cómo se han podido crear sociedades tan necias, ignorantes y maleables? La respuesta no es muy complicada. Todos lo políticos, entre otros, la conocen; es más, muchos de ellos no han necesitado de ninguna elucubración para llegar a ella, la traen de fábrica, ejercen y convierten lo insólito.- raro, extraño, desacostumbrado, en corriente, normal, cotidiano.
Miren España. ¿La ven? Digo yo que sí, porque no es necesario buscar: donde quiera que mires ahí tienes el despropósito.
Por supuesto que el que no se consuela es porque no quiere. Si eres de esos mira a Venezuela, por ejemplo, un país con recursos naturales con los que, ¡aun sin dar golpe!, dejando la explotación en otras manos, y limitándose los venezolanos a extender las suyas para recoger los beneficios, posiblemente todos podrían tener una subvención vitalicia que les permitiría vivir sin problemas económicos. ¡Y! sin embargo, ahí los tienes: llorando la muerte de un presidente que amasó una fortuna personal, dicen que de más de 2.000 millones de dólares. Ejem.
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