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La «contabilidad B» de don Próspero Morán

11 de Marzo del 2013 - Jorge Muñiz Sánchez (Oviedo)

Las páginas de un diario tan serio como LA NUEVA ESPAÑA se vieron enturbiadas el pasado 6 de marzo por las calumnias que el señor Próspero Morán vertía contra mí sin nombrarme, permitiéndose tildarme de «acólito» y sugiriendo que ocupo indebidamente una plaza en la Universidad de Oviedo por una oscura conspiración. En mi mundo, esas cosas se dirimen con pruebas y en los Juzgados, no difamando en los medios. Desconozco a qué tipo de relaciones profesionales está acostumbrado el señor Morán, así como los padrinos con que cuenta. Yo puedo asegurar que mi carrera profesional es fruto exclusivamente de mi trabajo. Debería indicarme cómo se explica, desde el supuesto trato de favor que me dispensa la Universidad, que lleve encadenando períodos de contratación precaria como profesor asociado con otros de paro desde que terminara mi contrato de investigación postdoctoral en la Universidad París I en el año 2009. Porque sí, los simples mortales tenemos méritos académicos y profesionales, aunque don Próspero no lo crea. Algunos incluso estamos cualificados en el área de conocimiento en la que enseñamos, por extraño que le resulte. No es mi intención, de todos modos, prestarme a un vergonzante ejercicio de confrontación exhibicionista de currículum. Eso ya lo ventilan las instancias competentes.

El señor Morán olvida mencionar que en el consejo de departamento que informó negativamente sobre la renovación de su contrato no pudo defenderse exclusivamente porque no tuvo a bien asistir, puesto que como profesor es miembro nato. Omite también que quienes tomaron la palabra para rechazar su continuidad no fueron miembros del tribunal de selección, sino las personas que coordinan los cursos en los que él imparte clases, que habían tenido que ocuparse de las reclamaciones de los alumnos contra él. Quien no tenía oportunidad de expresarse en esos foros es quien suscribe, porque por aquel entonces (algo inexplicable tratándose de un acólito enchufado) se encontraba fuera de la Universidad por haber sido otorgada la plaza en cuestión a don Próspero. En realidad, el añadido del acta al que se refiere no venía sino a intentar enmendar el flagrante error cometido al no graduar las puntuaciones atribuidas según la adecuación de los méritos de los candidatos al área de conocimiento de la plaza. A mí, especialista en Historia Contemporánea, no se me ocurre postularme a Ingeniería de Minas, por más que haya investigado sobre la historia de la minería. Pero, como no todo el mundo tiene estos reparos, es obvia la necesidad de poner frenos al intrusismo. Esta es la función que esa comisión de selección que tan proclive parece resultarme no cumplió debidamente en su momento, perjudicándome claramente con ello. Y por eso ahora existe un mandato judicial para que se repita el proceso. Pero seguro que el juez también está implicado en la conspiración, como ya supondrán los lectores. En cualquier caso, debe reconocer el señor Morán que el guionista de la confabulación que describe tiene una mente fecunda y un tanto perversa, porque en lugar de obrar para que me fuera concedida la plaza desde el principio dispuso que se le otorgara a él y yo tuviera que plantear una batalla judicial de dos años que aún dura para desfacer el entuerto. Si yo le hablara de paciencia...

No contento con la situación, a don Próspero también le molesta que al constatarse nuevas necesidades docentes se haya contratado al autor de estas letras, algo que en nada le perjudicaba, pues seguía siendo titular de la plaza en disputa. Dice que el que disfruto es un contrato por designación –cierto: se usa cuando la urgencia no permite convocar un concurso– y que, por tanto, se hace «a dedo». Esto último requiere alguna precisión. En estas circunstancias el departamento puede contratar al especialista que juzgue más adecuado, pero eso no quiere decir que sea arbitrario. En este caso, justamente para evitar toda suspicacia, se recurrió al primero de los candidatos no contratados en el último proceso de selección celebrado. Pero esto es sospechoso, según el señor Morán. Ya saben: la conspiración. La misma que súbitamente genera unas necesidades docentes falsas para contratarme. Mis alumnos imaginarios pueden dar fe de lo innecesario de habilitar temporalmente una plaza adicional. Por cierto: un hombre renacentista como don Próspero, dominador de todas las disciplinas, debería saber que esos cuatro créditos que han crecido sus asignaturas se deben a que este curso hay un grupo más de clases prácticas. Debería buscar plaza también en Matemáticas.

Claro que, en la propaganda podría igualmente hacer sus pinitos. Busque Goebbels en la Wikipedia. Acusa a la Universidad de llevar una «contabilidad B» de necesidades docentes mientras se presenta como «licenciado en Humanidades», una titulación jamás impartida por esta institución en la que dice haberse formado y que no figura en el currículum de su página web personal, donde la única licenciatura visible es en Filología Hispánica. ¿Traviste don Próspero su formación para que resulte menos llamativa su docencia en otra disciplina? Quien sepa de alguna publicación suya sobre Historia Contemporánea, que me lo haga saber. Los licenciados y doctores en Historia, que también pertenece a las Humanidades, ¿estamos capacitados para impartir clase en Filología? Siguiendo su lógica, se diría que sí. Por fortuna, algunos respetamos a los alumnos y no nos prestamos a tales fraudes.

Le deseo mucha suerte. Si no es en Historia Contemporánea, seguro que, con su perseverancia y sus amplios y variopintos saberes pluridisciplinares, terminará encontrando una plaza en alguna de las múltiples áreas de conocimiento a las que suele presentarse candidato cada curso. Por cierto: siempre que no las gana plantea un pleito y lo pierde. Se ve que las conspiraciones están al orden del día. Que no decaiga.

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