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Los que nunca salen en la foto

21 de Marzo del 2013 - Mori Fernández Pantiga (Oviedo)

Estos días mi pensamiento está en Roma y Castel Gandolfo y viene a mi memoria ese momento de gran emoción, el de las cinco de la tarde del día 28 de febrero, el día previsto en el que Benedicto XVI iniciaba un viaje sin retorno, el de las últimas horas de su pontificado. Estaba sereno, despidiéndose de todos con la dulzura y la amabilidad que lo caracterizan, con la naturalidad del que hace siempre lo que Dios le pide, y nos proporcionaba una foto de familia, estaban todos: el Santo Padre, los cardenales, monseñores, sacerdotes, religiosas, la Guardia Suiza, periodistas, fotógrafos, los cámaras de televisión, el chófer y, de forma excepcional, los que nunca salen en la foto, los del «sector servicios» del Vaticano y los que se ocupan de las tareas domésticas, cuidando el hogar, lo familiar e íntimo del Papa, los que lo acompañan en lo cotidiano y le hacen sentirse en familia, «la Iglesia doméstica» del Papa donde encuentra «los cuidados de Dios», los mismos que le proporcionaron sus padres, especialmente su madre y su hermana. En la actualidad estos trabajos pasan desapercibidos o no tienen para nosotros el atractivo de otras profesiones, no brillan tanto, son como «la cenicienta» o «bailar con la más fea», porque quienes los realizan tienen que vestir el uniforme de la discreción, de lo personal en su segundo plano; el primer plano es para el servicio prestado con el que se ganan la confianza y el agradecimiento sólo de quienes lo reciben. Estos trabajos son de mucho agradecer, no hay dinero que lo pague, sólo Dios puede pagarlo y lo hace por adelantado regalando la «marca de la casa», dotando a esas personas de un talento y una sensibilidad especiales para sentirse tan realizadas en esas tareas como una «top model» en la pasarela, una actriz en la alfombra roja, un deportista en el pódium. Esa marca, esa acreditación «de por vida» frente a los vaivenes de la apreciación social o el reconocimiento laboral, es lo que otros llamamos vocación o «facilidad específica», un «si quieres puedes» ser feliz haciendo felices a los demás con el servicio directo a la persona, atendiendo sus necesidades básicas. La persona así cuidada se siente más segura para afrontar sus responsabilidades profesionales, desplegando todas sus capacidades. El fotógrafo en un instante retrató a todos los verdaderamente «importantes» del Vaticano. La dedicación de esos profesionales se equiparaba a la de monseñores y cardenales. Todos reconocidos en la foto con la misma dignidad y por un instante todos brillando con el Papa. Gracias, Benedicto XVI, por dejarnos salir en la foto.

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