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Las afortunadas cuevas de La Llera

23 de Marzo del 2013 - María González-Pumariega Solís (Oviedo)

El macizo de La Llera, en Posada de Llanes, es un pequeño promontorio calizo repoblado en parte por tristes eucaliptos que se incendian periódicamente. Además, se encuentra constreñido por cuatro vías de comunicación rodada: la autovía A-8 por el Norte, la AS-263 por el Sur, la LLN-10 por el Este y la LLN-11 por el Oeste. Para más detalle, se adosan a él destacados ejemplos de la ramplona expansión urbanística reciente, y también un campo de fútbol local, equipamiento deportivo que no criticaré para evitarme el descontento de los aficionados.

Ante esta presentación, parecería que tal formación geológica del paisaje llanisco sufre todas las desgracias visibles del mundo contemporáneo. Sin embargo, por detrás de eucaliptos y urbanizaciones, hay prados de los de verdad y paisaje rural íntegro, dolinas copadas por helechos y árboles propios y, en su entorno subterráneo, invisible al exterior, se abren, no una, sino varias cuevas con arte rupestre paleolítico, pequeñas, como todas las de Llanes, pero de gran valor patrimonial, como todas las grandes. En total hacen cinco: Cueto de la Mina, La Riera, Trescalabres, El Tebellín y Cueva Tempranas, algunas estudiadas ya por el conde de la Vega del Sella, y otras, de más reciente descubrimiento. Entre todas, encierran líneas grabadas, animales y signos pintados, series de puntos rojos, grandes triángulos de ese mismo color, huellas humanas. Muy cerca de ellas se encuentran Balmori y Quintanal, que, aun habiendo sido emparedadas por la autovía, cuentan con su propio entorno de protección.

Recientemente, el Consejo de Gobierno, ratificando el excepcional valor patrimonial de aquellas cinco, ha aprobado la delimitación de su entorno de protección: 0,77 kilómetros cuadrados a resguardo de los desmanes de los sapiens actuales.

Medidas de este tipo resultan útiles para reconciliarnos con nuestros políticos, quienes, a pesar de su descrédito actual, demuestran de cuando en cuando grandes aciertos. Pena que, tras los primeros minutos de ilusión cívica, haya sido precisamente un político quien, nuevamente en el ámbito del arte rupestre, haya dado la campanada pública. Así, al respecto de la importante noticia proteccionista, la Sra. Alcaldesa de Llanes, Dolores Álvarez Campillo, nos dice que, si ella fuera propietaria de una finca y apareciera una cueva, la taparía para evitar problemas.

Ante tal despropósito de declaración, la abajo firmante podría mencionar argumentos facilones, como que la Sra. Campillo rompe nuevamente la ilusión de su propio partido político o que habla para el chigre y no para el ciudadano. Incluso podría recordarle que la propia Ley de Patrimonio Histórico Español obliga a los descubridores del patrimonio a comunicar a la Administración competente sus descubrimientos. Sin embargo, viene antes a mi cabeza una aguda reflexión de la comprometida Sara Suárez Solís que leí en este mismo periódico hace casi dos décadas. Escribía ella entonces que la igualdad entre sexos sería realidad cuando mujeres mediocres ocupasen puestos que entonces estaban en manos de hombres mediocres. Pues bien, ya tenemos algo que celebrar el próximo 8 de marzo.

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