Grandes papas

19 de Marzo del 2013 - Ricardo Luis Arias (Aller)

Lo fueron Juan XXIII y Juan Pablo II, que rompieron con la suntuosidad vaticana, que hacía del sucesor de Pedro un Pontífice regio, distinto, inaccesible, cuando el Maestro fue todo lo contrario. Él se dio por entero al pueblo, vivió pobremente con sus gentes, oprimidas por el poder de Roma y sus secuaces judíos como lo fueron los sumos sacerdotes, escribas y fariseos. Juan XXIII, bonachón y campechanote él, que más que un Papa parecía ser un humilde cura de pueblo, fue el primero en abandonar el elevado y suntuoso pedestal vaticano y darse al pueblo, a los pueblos, por los que viajó y visitó portando el mensaje de Cristo. Y su Concilio Vaticano II asombró al mundo y dio un giro nuevo a la Iglesia insuflándole aires nuevos y renovadores.

En cuanto a Juan Pablo II, reciente está aún su ejemplar y asombrosa trayectoria de Papa también viajero, que se dio también por entero al pueblo de Dios, a la juventud, con un mensaje de paz y unión de pueblos, gentes y religiones, mensaje que hizo suyo también Benedicto XVI, de tan breve mandato pero de igual ejemplaridad. El Papa Wojtyla, que sufrió y vivió las invasiones nazi y soviética en su Polonia, jugó un importante papel, con el sindicalista Walesa, en la pacífica cruzada de liberación de su pueblo. Y más tarde en el cambio político en Rusia, que dio lugar al derrumbe del muro de Berlín.

Fumata blanca y habemus Papam, Jorge Mario Bergoglio, argentino que pasa a llamarse Francisco I. Siempre un Papa de raza blanca. ¿Por qué no un Papa asiático o africano? Quizás ello diera un rumbo nuevo a la Iglesia católica, que tiene en esos continentes a millones de fieles, olvidados, que sufren y padecen hambre, enfermedades, miseria y hasta persecución y martirio, como muy bien saben los misioneros, que con ellos comparten todos esos riesgos y calamidades. Y el nuevo Papa, que hizo su primera aparición vistiendo únicamente una simple sotana blanca y una sencilla cruz pendiente del cuello, sin ropajes lujosos de costosa factura, además de implantar la austeridad y la humildad en la hasta ahora ostentosa y rica curia, seguro que pondrá un especial cariño e interés en ese llamado Tercer Mundo, tan distante y olvidado por ese otro mundo egoísta y poderoso, soberbio y deshumanizado, que muy bien podía remediar tanta hambruna y necesidad.

El Papa Bergoglio, humilde y austero, como lo fue San Francisco de Asís, su mentor, tiene en España y en Loyola su corazoncito, y habla correctamente nuestro idioma, el que desprecian el reyezuelo Mas y sus secuaces. Dado su bagaje austero y humilde, Francisco I será también otro gran Papa, que llevará a cabo el cambio y la limpieza que el Vaticano y su curia necesitan. Y hará que la Iglesia esté ahora más cerca del pueblo de Dios.

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