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Un «no» que no se improvisa

21 de Marzo del 2013 - Alfreda Álvarez Argüelles (Oviedo)

Entre los males que aquejan al mundo hoy, está la violencia desmesurada, la pobreza extrema en muchos países y el consumo implacable de las drogas, a las que una buena parte de la juventud –demasiada– está sometida.

Las drogas se encuentran integradas en la cultura y responden a los estilos de vida y a los valores dominantes. Se han convertido en un producto más de consumo. Están presentes en todas las edades y en todos los grupos sociales. Conocer la realidad de hoy es el primer paso para poder actuar y prevenir, ya que la edad de inicio al consumo se reduce de forma alarmante.

Las drogas en sí son sustancias naturales o artificiales que están ahí, y que sólo se manifiestan como tales (dependencia, tolerancia, síndrome de abstinencia) cuando entran en interacción con individuos. La droga se puede decir, de forma genérica, que siempre se consumió; lo que varía es el uso que se hace de ella.

Aquí, en España, teniendo siempre de fondo las drogas permitidas del tabaco y el alcohol, la problemática actual comienza a fraguarse en los años 70 con la heroína, en los 80 está de moda la cocaína y en la década de los 90 entran en juego las drogas de síntesis. En estos últimos años, la química irrumpe, pues, en el universo de las drogas, sustancias obtenidas por síntesis en laboratorios clandestinos, y que hicieron viable la posibilidad de «drogarse a la carta». Invento nefasto por su composición altamente nociva y, porque al ser fácil su adquisición, involucra a un gran número de adolescentes. Tan fácil es adquirirla hoy día, que «los camellos» se encuentran a un solo «clic»: internet se ha convertido en supermercado de la droga, donde se pueden adquirir sustancias de todo tipo. El uso de las nuevas tecnologías por los niños es algo natural y necesario; pero requiere un cierto control por parte de los padres.

Actualmente, el alcohol es la droga que más estragos está haciendo entre los adolescentes. Se consume sobre todo en grandes concentraciones, en zonas de ambiente, fines de semana... Es la que más se consume por ser la más barata, accesible, de efecto rápido y muy presente en la vida social. Es la droga nacional por excelencia. Siempre se apoyó en dichos farisaicos como: «Beber es bueno», «cosas de hombres», etcétera. Pero todos sabemos de las complicaciones somáticas, trastornos psiquiátricos y la problemática familiar y laboral que trae consigo el alcohol... Un porcentaje alto de nuestros adolescentes bebe de forma habitual. Es, generalmente, en los escenarios de abuso de alcohol, donde se comercializan y consumen otras drogas.

El hábito de consumir drogas es el camino que lleva a la drogodependencia, que es la forma extrema del uso de drogas, que las convierte en centro de la vida y no se puede hacer nada más. Hoy, desgraciadamente, la drogadicción alcanza proporciones muy elevadas... ¿Efectos? Los sabemos: priva de lo más preciado, de la libertad, ya que influye muy negativamente en el cerebro, cambian de comportamientos, sensaciones, sentimientos... Y, claro, también influye mucho en la salud, en general, desintegrando con más o menos celeridad el organismo.

De la drogodependencia se conocen algunas circunstancias de riesgo: en las propias sustancias, la edad, falta de actividad, pobreza, problemas familiares, afectos, personalidad inmadura, valoración desproporcionada del placer, etcétera.

Pero si sabemos que los jóvenes empiezan con la droga a edad temprana, hay que plantearse la educación; y ésta exige ir poniendo límites, teniendo siempre presente que el ambiente hedonista y permisivo, en el que se mueven, más que ayudarles va ser impedimento.

Así que no hay otra salida: la mejor terapia para la prevención es educar y fortalecer la voluntad, que es la que nos mueve a hacer o no hacer algo. Y también valorar el esfuerzo como medio de conseguirlo. Y es que si queremos que ese niño llegue a decir algún día «un no» responsable, a la droga, debemos priorizar la educación de la voluntad, porque a medida que tiene más voluntad, se gobierna mejor asimismo, no dejándose llevar del estímulo inmediato. Esta tarea es costosa, pero hay que aligerarla con las alegrías de los pequeños triunfos. Los que educan han de tener paciencia, buscando siempre y estimulando la autoestima del niño, que es la que va preparando su autonomía para la vida. De lo contrario, será un inseguro, un desdichado y, probablemente, carne de cañón para la droga.

La familia de ha de hacer un seguimiento y poner mucho empeño, buscando estrategias y formas de llegar mejor a los hijos, según edades, etcétera. Por supuesto, cuando los padres ejercen de modelo positivo es muy importante. No será nada edificante, por ejemplo, que el niño observe en casa un alegre consumo de alcohol o que sus padres o tutores estén enganchados (no a sustancias), y tengan su vida centrada en el juego, ordenador, compras, etcétera.

Pero la familia no es sólo un elemento importante en la educación preventiva dentro del hogar. También tiene un papel muy significativo cuando los padres actúan de ciudadanos con los demás corresponsables de la prevención.

¿Cómo?

Desde la asociación de padres, consejo escolar, asociaciones de barrio, centros sociales, etcétera, se pueden encauzar peticiones o sugerencias a las distintas administraciones: locales, autonómicas o estatales.

Por ejemplo: Solicitar información, cursos o charlas, así como actividades con familias en situación de riesgo.

Requerir que se diseñen y establezcan actividades alternativas al tiempo libre.

Pedir que se intensifiquen las campañas preventivas antialcohol y antidrogas, en general.

Instar a que en los centros de enseñanza se incluya la prevención de las drogodependencias en el proyecto educativo del centro.

Sugerir a los medios de comunicación que den a conocer, a través de entrevistas o reportajes, a personas que cuenten la historia de su adicción a las drogas y cómo salió de ellas.

Pedir un mayor seguimiento en las discotecas, ya que algunas «hacen la vista gorda», dejando pasar a menores.

Solicitar más recursos humanos.

Clamar que les apliquen las leyes a narcos y traficantes.

Es verdad que la tarea de la familia es ardua, pero con constancia y cariño lograrán su objetivo.

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