Por las buenas o por las malas
O tiramos al PP votando o lo tiramos con la escopeta. La frase de este mentepollo es absolutamente reveladora.
Éste es el pensamiento que públicamente manifiestan los siniestros: Nosotros representamos, y formamos parte de ellos, a los desheredados de la fortuna, a los que se ganan, o tratan de ganarse, el pan con el sudor de su frente, y por ello estamos legitimados para tomar el poder como sea, aunque siempre democráticamente, pues presentamos más de una opción para acceder a él: por las buenas o por las malas, con votos o con balas.
Éste el que manifiestan de forma privada, entre ellos: Robaremos para nosotros y para comprar votos, que siempre queda mejor que comprar balas, y dejaremos robar a los ladrones acaudalados para animarlos y entre ellos y nosotros evitar que el rebaño se nos soliviante pagándole lo justo para que no se nos muera de inanición.
Pero no hay bolsa que genere espontáneamente un maná infinito capaz de soportar las insaciables ansias de latrocinio de los saqueadores. Consecuentemente llegará un momento en que no habrá suficiente para sacar, quedando sólo para robar y muy poco, demasiado poco, para alimentar las bocas de quienes aportan a la bolsa. En este momento, y en todos los momentos, el hambre, que tiene un peso específico determinante, hace aparecer el sentimiento como una señal de tráfico en la vía: giro obligatorio a la derecha. Y el rebaño gira.
Y nos encontramos, no importa el punto cardinal, sin fatalismo, con la fatalidad: el ser humano. En esta España cambia la forma, porque unos ya tuvieron abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, varias generaciones detrás que fueron a la escuela y no sólo se alfabetizaron sino que, además del lugar de nacimiento, su discurrir y la desembocadura de los ríos, aprendieron ciertas pautas de comportamiento que les hacen preferir engañar para ganar por las buenas, mientras que a otros que empezaron ahora, con esto de la enseñanza obligatoria, a mal aprender a leer y escribir, desde luego nada en cuestiones tan obsoletas como la de los ríos y similares, no les importan los medios, plomo con el que se resista, pero el fondo de unos y otros es el mismo.
Somos agua y aceite en el mismo contenedor ocupando el lugar que la naturaleza nos asignó: el aceite arriba, el agua debajo. Para cambiarlo hay que darle la vuelta el contenedor, entonces, durante el lapso de tiempo que el aceite necesita para regresar a su posición natural, el agua puede creerse que tiene una densidad parecida a la del aceite, hasta que la realidad se impone, de nuevo el aceite arriba comienza a agobiarla con su peso. Y ya estamos en la misma: con balas o con lo que sea, ¡a poner de nuevo el contenedor patas arriba!
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