Un Papa macanudo
Posiblemente sea un poco pronto para decirlo así, pero el Papa Francisco está apuntando buenísimas maneras para ello y más. En principio, le está dando la razón a los cristianos a los que les parecía casi insoportable la actuación de la curia, a los que critican el lujo vaticano, los oros, la ostentación regia frente a los buenos ejemplos. Cuando menos es un primer paso.
Su estilo de vida y gestión otorgan coherencia al mensaje. Usar el colectivo, como denominan los argentinos el transporte público, hacerse él la comida, andar con zapatos gastados, como los peregrinos, o, ya Sumo Pontífice, ir él mismo a abonar la factura de su alojamiento, son gestos que nos hablan de su sobriedad y cercanía al pueblo. Si además sumamos ya cosas superficiales pero significativas como renunciar al coche oficial, la llamada telefónica personal sin intermediarios, sus palabras cercanas y su salto, del protocolo, la cosa se pone mejor. Porque antes del cónclave llenaban los ojos del mundo las imágenes de la monumentalidad y riqueza del Vaticano, así como las lujosas berlinas con chófer.
Los adjetivos sobre éste nuevo Papa se suceden: reservado, austero, ortodoxo, moderado... aunque su verdadero perfil con el tiempo lo dibujará su pontificado. Es hombre defensor de la justicia social y próximo a los más desfavorecidos. Son pues muchos los retos a los que va a tener que hacer frente. La Iglesia, que en algunos aspectos atraviesa una crisis, va a necesitar mucho de su habilidad y acierto.
Quizá con éste Papa ha muerto la vieja y anquilosada jerarquía y haya comenzado un auténtico tiempo de regeneración. En una conferencia múltiple, se decía hace unos días que la crisis económica es el resultado de una crisis de valores, y es cierto. Hacían falta nuevos referentes de compromiso valiente para mejorar el mundo. La Iglesia ya tiene el suyo. Este Papa de alguna manera viene a cerrar la etapa de los teólogos y posiblemente venga a inaugurar la del predicador para allanar el camino con el ejemplo. De momento no podemos esperar grandes cambios de dogma o de mensaje político, pero sí el compromiso social real y no solamente teórico.
El Papa Francisco proyecta una imagen de sencillez que nos hace pensar que los desheredados serán su principal dedicación. Y con su campechanía y proximidad puede que nos permita decirle, con todo respeto y obediencia, por supuesto: "che, Paco, qué bueno que viniste, sos macanudo".
Puede creernos, Santidad, los católicos lo estamos desenado.
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