Información "empotrada"
Con el décimo aniversario de la guerra de Iraq, a la prensa norteamericana le pesa su narración de aquella guerra. Lo que comenzó como un compromiso de responsabilidad y lealtad con América, tras el 11-S, se convirtió en relato triunfalista de una campaña militar. El símbolo de esa época fue el periodista "empotrado" con las tropas durante las operaciones militares. También es símbolo del ocaso de la prensa del mundo "analógico", que en España coincide con el repugnante servilismo regional al nacionalismo en fiestas, como cronista de opulentos ágapes liberticidas y de habladurías de pedorras de ultramarinos. Ya los reporteros de guerra no pueden competir con los flujos de información "local" que internet proporciona a sus agencias, ni cabe reportero alguno "empotrado" en operaciones de reconstrucción de Iraq o Afganistán; porque lo que no está en Google no existe, o porque no tienen lugar. Pero lo que sí continúa, a pesar del remordimiento, es el hinchar las noticias favorables a quienes financian los medios, cual perros sevillanos citados por Cervantes, y ocultar tanto los continuos chantajes como las imposturas fascistas de los nacionalistas. El último ejemplo lo tenemos en Chipre. Ha bastado una remota duda sobre la condicionalidad del rescate europeo a un isleño paraíso para todo tipo de oscuridades financieras, para que los analistas financieros "empotrados" por estos medios hayan pintado poco menos que un armagedón de los fondos de garantía de depósitos de toda Europa y hayan esfumado los resultados esperpénticos del autoritarismo soberanista. Si el triunfalismo "iraquí" aún remuerde la conciencia, el catastrofismo "español" que desde el verano pasado llevan propalando los periodistas y analistas próximos a las "posiciones cortas" ha llegado a ser un arma de destrucción masiva de confianza de la que estar francamente arrepentido
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