Querida fotocopiadora...
–¿Que qué recuerdo de la Universidad?
–Tantes coses, tantos amigos, profesores, trabajos, pero sobre to a... ¿acuérdeste de la muyer de la fotocopiadora?
–¡Coño, claro, Manolo! Con lo maja que yera, siempre con una sonrisa, acuérdome yo de cuando-y llevé la tesis a fotocopiar: díjome que no me la cobraba, que tras cinco años de cliente la tesis regalábamela. ¡Qué muyer! Y qué carácter, pero, bueno, tenía que tenelu pa trabajar allí.
Miles de veces se ha repetido este diálogo y por eso yo hoy lo he escrito, no sé si por primera vez. Lo he escrito para que perdure en nuestra memoria, porque aquella mujer de la fotocopiadora no lo hará. Hoy, fruto de la avaricia de algunos, una decena de empleados de las fotocopiadoras de la Universidad de Oviedo se irá a la calle. Pero no sólo son empleados: son caras sonrientes antes de un examen, son «buenos días» cuando aún no ha salido el sol, son «toma, fíu, éstos son lo tus apuntes», son tantas cosas, tantas cosas en un cuarto tan pequeño.
Yo estudio Letras, Estudios Ingleses en realidad, pero me gusta más lo de Letras, es más sugerente. Hace tan sólo un año que voy al Milán todos los días, excepto cuando nieva mucho, pero recuerdo como si fuese hoy la primera clase que tuvimos, Literatura, y a la profesora diciendo: «Tratadla bien, es una de las joyas de la Facultad». Se refería a Ángeles, la de la fotocopiadora. Allí, en un cuarto de cinco por cinco del sótano, con bata blanca y rodeada de máquinas, la encontré por primera vez. Allí he regresado muchos días a por apuntes, fotocopias y siempre me he llevado lo que pedía y la alegría de encontrar a una persona amable.
Pero hoy me he enterado de que nos dirá adiós. Adiós ella, adiós las sonrisas y la amabilidad. Por eso hoy pido que todos y cada uno recordemos a aquella mujer u hombre de las fotocopiadoras, conserje, bedel a todos aquellos que hacían lo que podían para ayudarte a encontrar el aula, el profesor o a ti mismo. Por todos ellos, pensemos un minuto. Por Ángeles y las que como ella temen por su empleo, apoyémoslas firmando en su favor, escribiendo al Rectorado o, simplemente, dedicándoles un minuto de nuestra memoria, un recuerdo.
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