¡Por favor, doña Ángela, no nos toque ... los ahorros!
Desde que unos ciudadanos con pasaporte europeo, como usted y como yo, no pueden disponer de su propio dinero, ya se cumple una semana. Los bancos chipriotas cerraron la semana pasada y no han vuelto a abrir. El próximo lunes tampoco lo harán porque es su fiesta nacional. Una ironía del destino ha hecho coincidir la humillación internacional de Chipre con la celebración de su independencia como país. Así que hasta el martes, y no es seguro, no habrá bancos abiertos, ni tarjetas de crédito que funcionen, ni transacciones por internet, ni nada que no sea hacer cola ante los cajeros automáticos para conseguir unos euros.
Sí, sabemos que España no es Chipre, como tampoco era Grecia, ni tampoco Portugal, pero el corralito con el que Ángela Merkel, el BCE y el FMI, castigan a la pequeña isla mediterránea, nos tiene a casi todos acongojados, por lo menos a los ciudadanos de a pie, ya que el que más y el que menos, está con unos pocos ahorros guardados en los bancos. ¿Quién puede se el próximo país que llore España, Italia...? Esto se leía hace unos días en un cartel colgado cerca del Parlamento chipriota y aunque según los expertos el contagio no se aproxima demasiado, lo cierto es que la inquietud social se dispara, y se palpa por todas las esquinas.
Y no es para menos, porque la Unión Europea acaba de destrozar ciertos principios básicos de sus Tratados. Por vez primera la deuda pública deja de avalar los depósitos menores de cien mil euros y la fluida movilidad de capitales se va al garete con el corralito chipriota. El camino escogido para rescatar a Chipre tiene todos los visos de acabar como el rosario de la aurora, para empezar, el de miles de rusos que blanquean en los bancos de Nicosia. Mal asunto en lo político, fatal en lo económico y desastroso en lo social. La Europa de los Veintisiete ha cruzado una línea roja que genera inseguridad en todo su escenario y es muy difícil de contener la indignación.
Cuando en una pequeña isla un sistema bancario crece desaforadamente, aunque sea convirtiéndose en refugio de oligarcas rusos y su burbuja estalla, no queda más remedio que actuar. Pero no contra los responsables de los desmanes, sino que se nacionalizan bancos con el dinero de todos o, directamente, se les quita el dinero a los ahorradores.
El sueño europeo de pueblos que se unen para construir juntos un futuro mejor, cambiando la sinrazón de tantas guerras a lo largo de los siglos por la cooperación, se está convirtiendo en una pesadilla para millones de ciudadanos, cada día menos partícipes de las medidas que se toman en su nombre.
El expolio que ha preparado la Unión Europea, con la connivencia del propio Gobierno chipriota, no solo ha indignado a los ahorradores de este pequeño país, sino que ha disparado los temores a un posible efecto contagio a otros países europeos. La UE, bajo el auspicio de la canciller de acero, Ángela Merkel, ha roto el hasta ahora sacrosanto principio de protección de los depósitos bancarios, y hay razones para el miedo. Sin ir más lejos, por estos pagos, ya sabemos lo que son las quitas y otros latrocinios de similar o parecido calibre.
Reflexión final: es posible que Europa consiga salvar el euro, pero es seguro que con actuaciones como ésta pierde apoyo ciudadano en en todos los países, salvo en Alemania, claro está, y algunos más de los ricos del norte que están haciendo méritos para quedarse solos.
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