El «corralito» de Liberbank
Cuando allá por 2009 me llamó el director de la sucursal de Cajastur de la Argañosa, 62 de Oviedo para ofrecerme un «depósito a plazo fijo, con muy buenas condiciones, seguro que sin riesgo» para invertir unos ahorros que tenía, nunca me imaginé lo que iba a tener que penar para poder recuperar mi dinero, que con tanto celo y esfuerzo había ido ahorrando durante toda una vida de duro trabajo. Durante tres años estuve tranquilo, mi dinero estaba a buen recaudo, obtenía un interés generoso y podía recuperarlo en 2014 o 2019. Pero hacia mediados de 2012 empecé a preocuparme, todos los medios de comunicación se hicieron eco del calvario que estaban pasando miles de afectados por las «preferentes». Me empezó a entrar el miedo y acudí a mi oficina en repetidas ocasiones. En todas ellas el director de la sucursal me tranquilizó. Allí me enteré de que «mi caso era diferente», yo no tenía «preferentes, sino deuda subordinada con un vencimiento fijo» (2014 o 2019). Respiré aliviado sabiendo que en 2104 podía recuperar mi dinero, cosa que sin duda pensaba hacer. Cuál es mi sorpresa cuando el día 14 de marzo de 2013 me llama el director de la sucursal de Liberbank (antes Cajastur) de la calle Argañosa, 62 de Oviedo y me explica que «antes del 26 de marzo» tengo dos opciones. La primera convertir un 20 por ciento de mi deuda subordinada en acciones de Liberbank y el 80 por ciento restante pasaría a un «fondo» a cinco años que me reportaría un interés del 7 por ciento anual. Según lo entendía yo, este interés sería pagadero sí o sí, pero cuando me pongo a leer la letra pequeña (esta vez sí que lo hice) me encuentro, entre otras, una cláusula en la que dice que «la remuneración será pagadera el 17 de abril de cada año excepto cuando Liberbank, discrecionalmente, lo considere necesario». Vamos que, según entiendo yo, el interés nos lo pagarán si les da la gana.
La segunda opción que me dan es pasar toda mi deuda subordinada a acciones sin recibir ninguna «remuneración» por ellas. Pasando de ser un ahorrador que buscaba un plazo fijo seguro a ser un inversor en Bolsa, cosa que nunca he querido ser.
Entiendo por qué Liberbank (antes Cajastur) ha ideado este proyecto de ingeniería financiera, lo que me parece inconcebible es que el Gobierno y la ley se lo permitan.
Muchos familiares y amigos, entre los que me encuentro, hemos sido engañados. Contratamos, lo que nosotros creíamos, un plazo fijo de alta rentabilidad con fecha de vencimiento. Y resulta que ni era un plazo fijo ni tenía vencimiento. Y sin comerlo ni beberlo, personas como yo, con estudios primarios y nulos conocimientos financieros, vemos cómo nuestros ahorros se esfuman por fiarnos de nuestra entidad financiera de toda la vida. Puede que toda esta operación sea legal pero desde luego no es normal y, bajo mi punto de vista, es una estafa en toda regla.
Yo no quiero ser accionista ni invertir mi dinero en otro producto financiero, cuanto menos, de dudosa rentabilidad. Quiero recuperar mi dinero en 2014, como firmé en un contrato en 2009, cosa que ahora mismo se me antoja casi imposible.
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