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Asturias: una historia de abandonos

31 de Marzo del 2013 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

Abandonada la aldea perdida en pos del desarrollo industrial. Tras la Revolución de 1934, el capital minero piensa en abandonar Asturias; pero la Guerra Civil y la II Guerra Mundial hicieron que las necesidades de carbón y de acero se disparasen: el capital se quedó para explotar hasta el último aliento esa oportunidad de enriquecerse. Luego, pasada la guerra, una incipiente unión europea del carbón y del acero atrajo a ese capital que abandonaba las minas por otras acciones de empresas más rentables. Así que no le queda otra al Estado que o comprar las minas y constituir Hunosa o enfrentarse a un estallido social nada aconsejable. Ya puestos, se crearon también Ensidesa, Inespal y Enfersa. Poco después, el capital siderúrgico privado dio forma a Uninsa: un extraño proyecto que, justo al inicio de su andadura, fue abandonado, vendido a la estatal Ensidesa. El carbón de Hunosa era escaso y poco competitivo siderúrgicamente, así que el pozo más productivo pasó a ser mina Musel. Hunosa, sin embargo, siguió con su producción y su rentabilidad, su masa salarial era como un maná caído del cielo sobre el pueblo y, al runrún de aquellos cantos, Asturias se abandona al sueño de un paraíso natural.

Cuarenta años después de aquel 1934, en 1974 el suministrador de adormidera fue sustituido por una ideología pragmática que necesitaba votos. Como en este país no hay alianza de civilizaciones, ni igualdad económico-fiscal, ocurre que los asturianos producíamos materia prima (poco rentable) para que otros pudiesen poner el rentable valor añadido. Con ese incauto esfuerzo nos sentíamos grandones, bien subvencionados y en el paraíso, abandonando todo criterio de eficacia o rentabilidad o de inversión en conocimiento. Así comenzó el más triste de los abandonos: nuestra irresponsable entrega a la subvención pública para dejar de ser un pueblo industrial y laborioso. Una droga que pasó a ser mucho más sutil con los fondos estructurales europeos. Y al grito de «¡y de lo mío qué!» se eliminaron puestos de trabajo a cambio de prejubilaciones: ¿quién necesita trabajar en un paraíso natural? Lo de la minería del carbón es sangrante: Felipe González pacta con Europa el fin de la subvención de las minas poco rentables para amortizar sus puestos de trabajo a cambio de fondos que (entre otras cosas) aquí se emplean en prejubilaciones. Se ha establecido 2018 como límite final de todo fondo y subvención para las minas. Ahora algunos gritan: «¡Que se cumpla lo pactado!». Todo un grito de responsabilidad contractual ante el cierre de minas poco rentables. Pedidas ayudas para construir un gran Musel (todo un pozo sin fondo, una auténtica mina de carbón, hierro y sobrecostes), parece que no funciona. Para más inri, nuestros jóvenes (abandonados ellos mismos) no tienen más remedio que abandonarnos.

Dicen que la esperanza es lo último que se abandona, pero en Asturias los que nunca nos abandonan son los políticos de siempre: controlados y controlando el aparato de su partido. Desde 1934, tras cuarenta años de oprobio, le hemos regalado a la historia otros cuarenta años. ¡Ya habéis pasado a la historia! ¿Por qué no os jubiláis? Una democracia real «¡ya!» se hace imprescindible.

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