La Nueva España » Cartas de los lectores » Vergüenzas y disculpas

Vergüenzas y disculpas

26 de Marzo del 2013 - Antonio García de Vicuña (Mieres)

A todas las personas, como le pasa a un servidor, en ocasiones, nos invade el pesimismo, nos sentimos desesperanzados, dominados por un estado mental caótico, que consigue perturbar el transcurrir habitual de nuestros días. Vivimos en una época en la que muchos individuos se sienten frecuentemente tristes, desganados, sin motivación alguna, atrapados en la enfermedad con más víctimas en el mundo desarrollado, la depresión. Es cierto, indiscutiblemente, que la vida no es fácil, ni es elemental entender todo lo que nos acontece, pero del mismo modo considero que en infinidad de ocasiones somos nosotros, las personas, las que complicamos nuestra propia existencia, al no saber interpretar lo que nos sucede y lo que es más importante, bajo mi punto de vista, no aprendemos de esas experiencias que nos están dando continuamente la oportunidad de mejorar nuestras vidas.

Haciendo un juicio crítico de lo que somos, reflexionando, la sentencia es firme e inapelable, culpables. La Historia está plagada de ejemplos de la crueldad de nuestro ser, violencia, insolidaridad, conflictos bélicos, son algunos de los actos que deberían avergonzarnos a todos y no sólo es que no lo hacen, sino que encontraremos justificación para lo inexcusable, y las aberraciones se sucederán como acaece en el presente y acontecerá, indudablemente, en el futuro. A pesar de esto, hace unos días leyendo una de las innumerables atrocidades que se han cometido en nombre de algo, de repente, ensimismado en la lectura me afluyeron nuevas ideas en forma de pensamientos, comprendí que el hombre no había caído tan bajo como yo pensaba, la realidad era que sencillamente nunca había ascendido tan alto como había idealizado. Nunca faltaran los motivos, en nombre de la religión, el poder, la política, la libertad, la paz siempre encontraremos justificación a lo que hacemos simplemente porque somos imperfectos, débiles, complejos, inseguros, y en consecuencia existen las guerras, los abusos de poder, las torturas, la insolidaridad, porque nosotros mismos estamos en guerra, en una lucha constante en nuestra mente.

Cada veinte minutos una mujer es víctima de una violación en la India, existe actualmente veintidós países en guerra, algunas tan antiguas como la de Birmania (desde 1949), Uganda (desde 1986) o Somalia (desde 1988), o las más mediáticas como la de Siria, Afganistán, Irak o Israel y Palestina. Unicef estima que el número de niños soldado que participa en todas ellas ronda los trescientos mil. En el mundo se produce comida para abastecer al doble de la población mundial, y una media de cuarenta mil personas al día fallecen de hambre. Paliar cualquier emergencia sanitaria de las innumerables que existe en la actualidad cuesta infinitamente menos que rescatar a cualquier entidad bancaria. Todo esto sólo es un pequeño repaso a la actualidad internacional, relacionada con la mano del hombre y su saber hacer. En lo patrio, el panorama no mejora mucho, también tenemos pobreza, violencia, insolidaridad, especuladores, chorizos (de esto podríamos surtir al resto del mundo), envidias, personas sin hogar, más de cinco millones de parados, trabajadores en unas condiciones laborales deplorables, rebajas salariales, recortes en las pensiones, y un larguísimo etcétera, pero no se le pase a usted por la cabeza pensar, sea zagal o longevo, que donde estará ese estado del bienestar, progreso y demás chorradas que nos llevan vendiendo tanto tiempo, confundidos hasta el extremo que poseemos un móvil de última generación, un televisor con pantalla de plasma y ya creernos que vivimos en el paraíso, pero eso sí, ni tenemos trabajo, ni lo tienen nuestros familiares y amigos, la independencia económica con treinta años es todo un desafío, que nuestros ancianos puedan costearse sus cuidados más básicos otro reto imposible para muchos de ellos y de sus familiares, y en definitiva un futuro muy desalentador.

Después de millones de años sobre la Tierra ya no cabe disculpa posible, no hemos radicado la pobreza, a pesar de la multitud de recursos y riquezas que pueblan nuestras tierras y mares, la paz mundial es una utopía, las desigualdades sociales se acentúan, hemos probado todos los sistemas posibles, desde los más represivos hasta los más liberales, comunismo o libre mercado, todos han hecho aguas. Si el deseo de la mayoría es desterrar para siempre las desigualdades, las injusticias y tener una convivencia agradable en cualquier rincón del planeta, quizás estamos fallando sistemáticamente en los planteamientos a los distintos problemas que entorpecen materializar esa misión. Como he redactado anteriormente las personas somos por naturaleza frágiles, inestables, sencillamente imperfectos, y continuamos errando en buscar soluciones banales a nuestros grandes problemas, esperamos realizar grandes cambios globales eludiendo que debemos empezar por cambiar inicialmente cada uno de nosotros para después reinventarnos como sociedades, porque hasta que no seamos conscientes de nuestros defectos y vergüenzas pocos cambios llegarán. No hay etapa fácil, ni vida sin sufrimiento, pero inquilinos temporales en este planeta tenemos la inexcusable obligación de empezar a transformarnos primeramente cada uno como persona para empezar a construir por fin los cimientos a un futuro más esperanzador, quizás entonces para los venideros las virtudes superen a los defectos y mis palabras dejen de ser fantasía.

Cartas

Número de cartas: 49716

Número de cartas en Abril: 85

Tribunas

Número de tribunas: 2196

Número de tribunas en Abril: 2

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador