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Adular a Francisco

27 de Marzo del 2013 - Cosme Ruiz Pérez (Gijon)

Ha sido el «habemus Papam» y... automático, a continuación ya «habemus chiringuiteo forofo-sectario». Todo según sea la clave de análisis del acontecimiento, sea esta ignorante, torcida o la que, dentro y fuera de la Iglesia, milenaristas, vaticanistas y «teologistas de la liberación», etcétera utilicen para ello.

Recuerdo, como ex alumno salesiano, el gran afecto y amor que San Juan Bosco, pobre campesino, sacerdote, gran educador popular, tuvo y enseñó a sus jóvenes hacia el Papa. Fue en 1848 cuando, en plena efervescencia de Italia contra Alemania y Austria, Pío IX dice al pueblo que él no puede conceder reformas que pertenecen al campo de la política y expresa: «Bendecid, Señor, a Italia y conservadle el precioso don de la fe». Los líderes de la opinión pública intentan manipular esto extendiendo por toda Italia sólo la primera parte de la frase: «Bendecid, Señor, a Italia». Y hasta el propio don Bosco tuvo que sufrir, entre sus colaboradores, a determinados sacerdotes «patriotas» con la idea equivocada de «a más jóvenes gritando en la calle... más llena el aula de religión». Pero don Bosco, que además de muy santo era muy listo y conocía a la perfección aquellos liberales manipuladores, recalcaba a sus muchachos que, en caso de salir a la calle, gritaran ¡Viva el Papa!, y no ¡Viva Pío IX!

Así ha sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia y... algo parecido empezamos ya a ver con lo del papa Francisco. Dejemos que el tiempo vaya pasando y su magisterio y encíclicas vayan «tocando fondo y todos los registros», sus denuncias, y sobre todo sus hechos, vayan abarcando el Evangelio completo e integral. Veremos cómo se va decantando, dentro y fuera de la Iglesia, el grupo de aduladores o acusadores. Titulares como «el Papa de los pobres y la paz», «Quiero una Iglesia pobre para los pobres», «Dejad que se acerquen a mí», «Un Papa más humilde, cercano y sin protocolos que su antecesor», etcétera, pasarán a la historia. Entonces, para creyentes del «Qué bonito es mi Dios de bolsillo, qué mansito, qué bien educado, plegadito y a medida cortado», puede que, en algún momento, nos lleguen a dar «dolor de tripas» los caminos inescrutables que Dios nos señale a través de este hombre. Este Papa, a creyentes y no creyentes, cae bien por sus detalles, sin doblez, en el «rompe y rasga» de la vida sencilla que siempre ha llevado. pero... ¿y si andando el tiempo, tal vez por motivos de seguridad, tiene que dejar determinados gestos espontáneos, de cercanía, o transmitir otros «eslóganes» distintos de los ya enunciados de pobreza material y sencillez, tales como los de la superpobreza moral y de valores en que está sumida esta sociedad (aborto, matrimonio homosexual, células embrionarias, eutanasia, corrupción, etcétera) de los cuales y como no puede ser de otra manera en un sucesor apostólico, es firme defensor?, ¿qué haremos...? ¡Ojalá! con el tiempo hayan cambios serios y de raíz evangélica, en todo, en la curia, en las finanzas y en nosotros, los creyentes. Lo demás, adular a Francisco.

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