Una izquierda responsable es necesaria
El periodo provechoso y renovador de nuestra democracia, entonces dirigido por Felipe González, finalizó en 1996 a causa de múltiples escándalos de corrupción y extenuación política. El PSOE no volvió a gobernar hasta 2004 bajo el liderazgo de José Luis Rodríguez Zapatero. Y aquí empezó la decadencia de un partido que habiendo relegado a muchos de sus mejores hombres, inicia un periodo de renovación de caras nuevas. Pero aquellas caras nuevas no aportan ideas nuevas. Jóvenes inexpertos que apenas pasarían de administrativos en la vida laboral, se encuentran de la noche a la mañana con la cartera de ministros y altos cargos. Y el presidente uno de ellos. La ausencia de ideas realmente innovadoras y de futuro, se sustituye por mucha ideología: todo una retahíla de consignas y clichés caducos que suenan bien al oído de sus bases pero que están vacíos de contenido y, lo que es peor, inciden en reabrir las heridas entre españoles bajo supuestas carencias justicieras de revisión histórica. Y para ello cuentan con unos aliados fieles: los nacionalismos regionales.
Enorme error de la izquierda desde la transición, ha sido la connivencia con los partidos nacionalistas. No importa que sean independentistas, racistas o xenófobos. Contrariamente a su tradición internacionalista, la izquierda española ha abrazado las posiciones más retrógradas y reaccionarias que defienden estos sectores con total ausencia de crítica e incluso con actitud acomplejada y servil ante continuas exigencias. Su sectarismo le lleva a considerar que todo es bueno para el convento y, desde luego, para mantenerse en el poder a cualquier precio.
El Partido Socialista hace año y medio experimentó el mayor castigo electoral de todo el periodo democrático, hasta caer incluso por debajo del apoyo relativo con que contó en las primeras elecciones de 1977. No es extraño pues que sus cuadros dirigentes se hallen en un momento depresivo, al borde de una inexorable renovación ideológica.
No obstante, el PSOE sigue siendo el principal, partido de la oposición, el adversario de la dialéctica parlamentaria, y su papel es esencial para que la acción de la mayoría obtenga su contraste y resulte productiva. De ahí la necesidad de que los socialistas encajen el golpe, recompongan la figura y aporten su capacidad a la tarea de poner en pie nuevamente este país tras la amarga experiencia de la mayor crisis de las últimas décadas.
A decir verdad, yo personalmente siempre he tenido la creencia de que, para el mejor gobierno de la España que estamos viviendo, es necesario que el PP y el PSOE, como partidos mayoritarios, gocen de una buena salud política y estén en condiciones de garantizar la alternancia, eso sí, cuando los ciudadanos lo decidan en las urnas.
No entiendo mucho de progresismos, pero creo que lo realmente progresista hoy, en esta España de 2013 de ninguna de las maneras puede ser la confrontación entre la derecha y la izquierda, sino anteponer el respeto al otro y caminar juntos para afianzar y fortalecer España ante los retos de hoy y los que puedan venir en el futuro. Para ello sería preciso y hasta urgente, pactar acuerdos estratégicos, en materias clave como política económica, exterior, social, territorial y cuantas más sean posible.
Cuando el PSOE se dé cuenta de que sigue siendo muy necesaria su colaboración y se olvide del rechazo cosechado últimamente, estará de nuevo en el buen camino y en sus acertadas decisiones podrán verse coordenadas de futuro.
Urge pues buscar acuerdos para sacar adelante éste país. Que es el país de todos.
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