Cudillero, se cumplió con la farsa
Ruego la publicación de la carta que sigue para el Sr. Pepe –así se identifica en el blog «Señor Alcalde»– de Cudillero.
Sr. Pepe: No sé si el movimiento de indignación manifiesta de estos días en Cudillero se produce con educación pero, visto lo visto, su crítica parece fuera de lugar.
Veámoslo desde el otro lado: la legalidad de la que habla se resume en un alcalde impuesto con legitimidad democrática formal. Se cumplió con la farsa. Haciendo abstracción de otras consideraciones, ciertamente se obtuvo una mayoría de ocho votos.
Pero la grandeza de la democracia, Sr. Pepe, no consiste solamente en votar cada cuatro años: se trata también de realizar el contenido del programa para el que se pide el voto; ejecutar el presupuesto referido a ese programa y justificarlo, lo que implica el control de cuentas y del gasto; cumplir con la ley de Contratación del Estado en obras, servicios y personal. Eso y las listas abiertas, cuando toque, es la democracia real.
Pero no sólo eso, Sr. Pepe. Democracia también es: respeto a las minorías; a la división de poderes, es decir, facilitar el contrapeso que impida o al menos limite el abuso de poder y la arbitrariedad; evitar el enfrentamiento civil; el respeto a la igualdad de oportunidades y a las libertades de expresión, reunión y manifestación. No hace falta seguir, todo ello está en la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, por demás conocida. Aunque no sé si bastante, en mi pueblo. ¿ De qué golpe de Estado habla, de acatar qué reglas? No se referirá, claro está, a reclamar que se cumplan en Cudillero los principios de la buena gobernanza referidos aquí.
La Democracia, Sr. Pepe, no es sólo –que también– votar cada cuatro años, y ajo y agua: es un triciclo, tres ruedas; recuerde:
1 Isonomía: Igualdad de los ciudadanos ante la ley. Sin más.
2 Isegoría: Igualdad de derecho de expresión en la «cosa» pública.
3 Isocracia : Igualdad para el ejercicio en la responsabilidad de gobierno.
Es muy viejo, lo inventaron Pericles y Clístenes hace más de dos milenios y medio en Atenas. Y es lo que importa; más que un nombre vaciado.
Claro que aquello era democracia directa, los atenienses eran un «demos» de cuatro gatos y por eso se la podían permitir. Ahora, muchos más, practicamos –a veces– la democracia representativa. Elegimos a nuestros representantes, incluso como al «energumenoi heliogabalesco» que dio el espectáculo, gratis pero caro para la democracia, el miércoles 27 en la plaza de mi pueblo.
Desgraciadamente, era mucho mayor que Cosmín, aquel payasito que nos hacía reír de niños en la misma plaza.
Mis saludos y recodarle que la Democracia por antonomasia lleva mayúscula; las otras, las adjetivas, minúscula.
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