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No más Europa, sino mejor Europa

5 de Abril del 2013 - José María Casielles Aguadé (Oviedo)

Varios gobiernos españoles de diversa ideología han mantenido la reiterada consigna alemana de «más Europa», sin estudiar a quién beneficiaba este eslogan. El resultado del análisis es simple: quien más productos fabrica busca ampliar su mercado. Los ingleses, como siempre, cautos y recelosos, ni siquiera se integraron en el euro, aunque no se privan de pontificar y criticar sobre la economía europea sin haberse implicado seriamente en ella. Creo sinceramente que nuestra política exterior, coordinándose especialmente con Portugal, debió siempre oscilar entre Europa e Iberoamérica, como la de Gran Bretaña pendula entre Europa y la Commonwealth (literalmente: bienestar común).

Se habla demasiado y con excesivo descaro de una Europa de dos velocidades, incompatible con el concepto de una verdadera unión, y todos tenemos la idea de que los parlamentarios españoles en la UE siguen más las directrices ideológicas partidarias que la defensa compacta de exigencias de igualdad entre los países centroeuropeos y los euromediterráneos, lo que resulta verdaderamente lamentable.

Como no todo debe quedar en una simple reivindicación lacrimosa, hemos de preguntarnos, ¿qué puede ofrecer el grupo euro-Sur al euro-Norte? Entre otras muchas respuestas posibles que sería bueno estudiar y precisar hay una notoria y evidente: seguridad.

A ningún observador político sensato se le puede escapar que hoy los mayores riesgos de seguridad para Europa no están en el Este, sino en el Sur, tanto en los países africanos ribereños del Mediterráneo como en los subsaharianos (desde Senegal a Somalia) y en los del África del NW, con demostrada inestabilidad política. El protagonismo colectivo se atribuye a Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), en acontecimientos tan recientes como los de Malí y Argelia, rápidamente detectados y enérgicamente corregidos por Francia, con muy precarias muestras de solidaridad europea. No es menos preocupante la posible infiltración de elementos desestabilizadores durmientes, en cualquier país de Europa, como no hace mucho se detectó en Gran Bretaña.

Hipotéticas ayudas de la OTAN en situaciones así son demostradamente problemáticas, como se ha puesto de manifiesto en el conflicto de Siria. Por otra parte, ya se perfilan serios recortes presupuestarios en el capítulo de Defensa EE UU, concretados tanto en una rápida y masiva retirada de Afganistán como en restricciones netas de inversiones en la industria norteamericana de armamento, que pueden ayudar a explicar los recortes de General Dynamics en sus instalaciones ubicadas en el extranjero, como es el caso de España, lo que se puede sintetizar en «fuera competencia», como ya prescribió McKinley en 1898. En consecuencia, el flanco sur de Europa ha de ser ya mejor protegido con inversiones de la UE en Seguridad y Defensa, que deben confiarse a los países europeos del Mediterráneo: Portugal, España, Francia, Italia y Grecia. Estas inversiones contribuirían a vitalizar sensiblemente la zona euro-Sur, en tecnología naval y militar, con los consiguientes aumentos de personal en las fábricas de armas y en las fuerzas navales, mejorando en forma conveniente y necesaria la estabilidad en el Mediterráneo y en las costas del NW de África, ampliando la eficiencia en la represión del narcotráfico internacional, controlando la inmigración clandestina y mejorando la seguridad global en una zona de esencial valor estratégico. Todo ello empleando principalmente unidades navales ligeras: fragatas, guardacostas oceánicos y submarinos. España y Portugal, con sus islas respectivas de Azores y Canarias, que constituyen portaaviones gigantescos, anclados en el Atlántico, así como sus respectivas experiencias históricas en asuntos africanos, se beneficiarían especialmente de un proyecto como éste, que hay que presentar, defender y aprobar en Bruselas.

José María Casielles Aguadé

Oviedo

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