La Nueva España » Cartas de los lectores » Aire fresco para el arbitraje

Aire fresco para el arbitraje

23 de Enero del 2014 - Jesús Suárez Pertierra (Pravia)

Vaya por delante la consideración de que antes de escribir esta carta han tenido que pasar cuarenta y ocho horas desde que presencié, desde mi localidad habitual de El Molinón, la actuación arbitral del partido del pasado domingo 5 de enero entre el Sporting y el Real Zaragoza, puesto que, de haberla escrito antes, probablemente habría sido impublicable y, desde luego, mucho menos objetiva. Cuando se produjo el último descenso del Sporting a Segunda División, como todos los seguidores habituales de cualquier club que se ve abocado a un descenso, uno pensó que volverían los tediosos partidos del «patadón p’arriba y el que pueda que la meta...», en el más puro estilo Clemente, al que tan acostumbrados estábamos por andaduras anteriores por esta División dejada de la mano de Dios. Pero nos encontramos con que, en unos pocos años, en la Segunda División se ve mucho mejor fútbol, con equipos que quieren el balón y no se encierran atrás a perder tiempo y dar patadas, con un juego mucho más alegre y vistoso, y hemos visto en esta primera vuelta en El Molinón a equipos como la UD Las Palmas, o el Dépor, o el mismísimo Éibar, quién lo diría, con un juego combinativo que hace los partidos entretenidos incluso para aquellos que no tengan especial predilección por alguno de los contendientes. Pero siempre hay un pero, todo esto viene siendo habitual y reiteradamente estropeado por unos arbitrajes del nivel más pésimo que he visto nunca –incluidos los diez años en Segunda División anteriores–. Con excepciones contadas, unas actuaciones desquiciantes para público, jugadores y técnicos de unos colegiados que no dudo que tendrán una gran preparación física y sabrán el reglamento de «pe» a «pa» y en hebreo, pero que de llevar un partido de fútbol saben lo mismo que yo de llevar un Boeing 747 y lo hacen a golpe de tarjetazo, autoritarismo e intimidación con la suficiencia y la chulería de quien se sabe inmune, pues quienes los han puesto ahí y tienen el deber de evaluarlos son tan incompetentes y tan inútiles como ellos mismos, si no más. Todo ello viene como consecuencia de la reiterada tozudez del colectivo arbitral de no querer reconocer los errores, tapándolos con un mal entendido corporativismo, encerrados en la «interpretación» del reglamento que hace que cada árbitro tenga su criterio, y así, cualquier salto entre dos futbolistas para disputar un balón aéreo puede ser falta y tarjeta roja por codazo en un partido o «siga usted que aquí no ha pasado nada» en el siguiente, dependiendo de la «interpretación» del inepto de turno. Lo mismo con las manos en el área o con los agarrones de la camiseta, etcétera, etcétera. Todo ello unido a una organización oscurantista y regida por unos incompetentes que se aferran a sus cargos como políticos en tiempo preelectoral, con unos «comités» fantasmas y misteriosos, unos «ascensos» y «descensos» permanentemente bajo sospecha de amiguismos, enchufismos y peloteo, hace que lleguemos a esta situación de la que el partido del domingo es un exponente más, eso sí, tremendamente significativo, de lo que se ha convertido el mundo del arbitraje en esta división maldita. Y digo que un exponente más porque este año, y el anterior también, hemos visto arbitrajes que, si no fuera porque uno tiene predilección por uno de los equipos en juego, son hilarantes. Un árbitro de cuyo nombre ni sé ni quiero saber, creo que murciano, que dirigió el partido del Sporting en Huelva y creo que luego aquí el partido contra el Éibar, hizo un arbitraje descacharrante, de principio a fin, ante unos futbolistas perplejos. Un deportista, como es un árbitro, puede ser pitado, incluso insultado –lo cual no aplaudo ni mucho menos–, pero que se rían de él es lo más humillante que le puede pasar en un terreno de juego. Existen malos arbitrajes y cualquier buen árbitro puede tener un mal día o varios malos días, por qué no. Pero existen malos árbitros y éstos no tienen nunca un buen día. Tipos como el del domingo pasado –tipo es lo más cariñoso que se le puede llamar– no es árbitro de fútbol, no lo ha sido nunca ni lo será en su vida, y quien le ha dicho que lo era y lo ha puesto ahí, en la División de Plata, es tan inepto como él. Para llevar un partido de fútbol de este nivel hay que ser inteligente y tener mano izquierda, y este individuo no tiene ninguna de las dos cosas ni las tendrá nunca. A los diez minutos de empezar un partido de fútbol, cualquiera que tenga una mínima noción de lo que es un balón, ve que el colegiado está totalmente desquiciado, asesorado por unos secuaces tan perdidos como él y que la va a liar parda seguro a la mínima ocasión. Incluso sin que se presente la ocasión. Cómo explicar, si no, que un equipo que apenas hace una docena de faltas por partido acabe con tres expulsados. Cómo explicar las carreras laterales y la diagonal sacando pecho desde el banderín de córner para expulsar al pobre Sandoval si no es por un afán de protagonismo y una chulería dignos de quien se sabe inmune y se cree omnipotente. Ya lo dice el dicho popular: «Es más chulo que un tonto con un silbato...». Cómo se puede explicar que un árbitro suspenda un partido de fútbol con todo lo que ello conlleva de gastos, molestias y desprecio a unos aficionados que han tenido que desplazarse incluso cientos de kilómetros porque le tiren un «petardo» al retirarse a los vestuarios, como sucedió hace unas jornadas en el Tartiere. ¿Temía por su integridad? ¿Quién se lo cree? Lo dicho, una rabieta de un incompetente todopoderoso que al domingo siguiente va a liarla a otro campo. Ahora, el Sporting prepara una queja oficial que no servirá para nada, pues el problema, como digo, es de fondo. Es de justicia dejar constancia de que existe, sin embargo, un puñado de buenos o muy buenos árbitros, y me consta, porque veo fútbol de Tercera y de Segunda B en el que existen árbitros con muy buenas maneras por las divisiones inferiores, y que no se puede meter a todo el mundo en el mismo saco, pero eso no es contradictorio con lo afirmado de que el nivel medio en Segunda es el peor que recuerdo. Hace falta que se abran las ventanas y entren la luz y el aire fresco en el mundo del arbitraje y remover de sus cargos a los «tristes» que están al mando, dejar que quien ascienda lo haga por méritos propios, claros y públicamente evaluables, y considerar al árbitro como un deportista más, sujeto a premios, críticas y, por qué no, sanciones disciplinarias si llegara el caso, y así podremos seguir disfrutando del fútbol y preguntar al final del partido: «¿Por cierto, quién ha pitado?».

Cartas

Número de cartas: 49790

Número de cartas en Abril: 159

Tribunas

Número de tribunas: 2196

Número de tribunas en Abril: 2

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador