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Ha muerto don Máximo Cajal

6 de Abril del 2014 - Javier Arjona (Siero)

Le recordamos por siempre como víctima del asalto y destrucción de la Embajada española en Guatemala. Muchos años después escribió uno de sus libros sobre aquel suceso, «Saber quién puso fuego ahí», y lo presentamos en el auditorio de Oviedo.

El caso sigue vigente, por cuanto el Gobierno quiere destruir la jurisdicción universal, y el genocidio en Guatemala era uno de los casos presentados en la Audiencia Nacional.

Recordamos que aquel mismo año del asalto e incendio de la Embajada española en Guatemala, donde uno de los 37 asesinados fue Vicente Menchú, el padre de la posterior Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, era asesinado en San Salvador el arzobispo Romero, el 24 de marzo.

De su tiempo es también el diplomático Yago Pico de Coaña. Tal pareciera que sus tareas al servicio del Estado español, en su carácter de diplomáticos, los llevaron a tomar protagonismos decisivos en Centroamérica, y Colombia en el caso de Yago, que todavía en 2006 participaba en un encuentro para la paz en Oviedo, auspiciado por el Gobierno asturiano.

Tal pareciera como si los tiempos, de compromiso, hubieran cambiado bastante, si se comparan con la negativa del presidente asturiano Javier Fernández a entrevistarse unos minutos con la Central Unitaria de Trabajadores en su visita de negocios a Colombia del año pasado.

Tanto Máximo como Yago están también en la órbita del PSOE. Incluso don Máximo colaboraba en el experimento de ZP de la alianza de civilizaciones.

Pero cuando pusieron el cuerpo y la dedicación y expusieron repetidamente su integridad al servicio de los Derechos Humanos y de un protagonismo decidido en la búsqueda de la paz en Centroamérica y Colombia ( http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article42945) estaban seguramente cumpliendo a cabalidad su cometido, más allá de burocracias.

Y cuando el Ejecutivo asturiano recibe numerosas cartas de apoyo al programa asturiano de Derechos Humanos (de refugio temporal para colombianas/os amenazados de muerte) y se las pasa a un departamento menor para que haga de puente y no les haga caso, seguramente que está infringiendo elementales normas de relación, y tal vez violentando la ley asturiana de cooperación y la estrategia asturiana para los Derechos Humanos, al tiempo que da instrucciones (¿o no?) para dejar en la insignificancia a dicho programa, reducir la interlocución y desdecirse de historias que han contribuido a fomentar personajes como Máximo y Yago.

La realidad, sin embargo, es mucho más cruel: desmiente y desdice desde Buenaventura o desde San José Apartadó, o desde Trujillo (por citar lugares de terrible actualidad colombiana) con el uso abusivo de motosierras para cortar cuerpos, que los negocios se sustentan sobre enormísimas violaciones de los derechos elementales.

Y eso jamás pudieron ni quisieron soportarlo ni don Yago ni don Máximo.

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