Lo que el señor Patricio pretende
Señor Arias-Cachero: Tengo que decir, en primer lugar, que es el único concejal de Festejos de Oviedo (de todos los que he conocido) que me merecía cierto respeto, ya que ha sido el único que, ante una serie de cuestiones ocurridas este año, ha tenido la deferencia de llamarme por teléfono personalmente. Lamento decirle que, después de las declaraciones realizadas contra mi persona el pasado jueves, día 30 de julio, en este periódico, ha perdido muchos puntos, aunque me imagino que eso le importará bien poco.
Pues bien, cuando afirma que «lo que pretende el señor Patricio es quedarse con esos tres mil euros», le aseguro que está usted muy equivocado. Lo que pretende el señor Patricio (yo mismo), al igual que el resto de mis compañeros, es poder trabajar en Oviedo como lo hacemos con ayuntamientos e instituciones de toda España e incluso de fuera de ella. Si la única imagen que tiene de los promotores musicales es la de «llevarse la pasta», tal vez debería informarse un poco más sobre el sector, algo primordial para el puesto que ocupa, pues se trata de acusaciones muy graves hechas a la ligera. Por si no lo sabe, yo llevo ejerciendo mi profesión desde Oviedo, desde el año 1997, como promotor, agente de zona y manager, y le puedo asegurar que he tenido que lidiar con cientos de situaciones comprometidas por defender a los artistas que represento directa o indirectamente. Eso es precisamente en lo que nos convertimos en muchos casos los promotores y agentes de zona, en aquellos que solucionan in extremis las dificultades que se plantean en las producciones. En los trece años que llevo trabajando en este ámbito, se pueden contar con los dedos de la mano las veces que he trabajado con el Ayuntamiento de Oviedo, y en ninguna han tenido el menor problema conmigo; es más, en más de una ocasión se me llamó a última hora o incluso para «solucionar algún marrón», pero eso, si quiere, se lo cuento a usted personalmente, cosa que me encantaría.
De todas maneras, veo que para algo han servido mis declaraciones a este periódico el jueves, ya que inmediatamente han cambiado de fecha la actuación de Melendi y la han programado en solitario (aunque eso no signifique que el riesgo haya desaparecido del todo). Entre otras cosas, en esto consiste mi trabajo como promotor: en asesorar, dentro de lo posible, a la gente que contrata conmigo un artista, en que su actuación se lleve a cabo dentro de unos parámetros profesionales de seguridad, producción, promoción, etcétera.
Volviendo a sus declaraciones, usted mismo se contradice: de un lado, dice que lo que yo pretendo es llevarme el dinero y, de otro, afirma que cobrar por las contrataciones es nuestra legítima actividad empresarial. Vuelvo a reiterar que todo me parece una falta de respeto. No sólo nos tienen apartados de su programación, sino que establecen como norma para la contratación de artistas la obligatoriedad para las agencias de management de pagarles el 8% que habitualmente pactan con un agente de zona (algo que no deja de ser un acuerdo privado entre managers y promotores). Ustedes no son ningún «agente de zona», son una entidad que depende directamente del Ayuntamiento, por lo que su práctica no es ética y dudo que sea legal. Lo único que consigue con esto es que, si un artista cobra, por ejemplo, 30.000 euros y sabe que en Oviedo le van a cobrar irremisiblemente el «impuesto revolucionario», decida venir aquí cobrando 35.000 y no le importe en absoluto, de este modo, darles el caramelo que ustedes quieren. Está claro que a ustedes tampoco les importa nada con tal de obtener ese 8% para poder tener un dinero del que disponer sin dar explicaciones. Así como, por otra parte, me consta que hay oficinas de management que se niegan rotundamente a entrar por el aro, cosa que deberían hacer todas. Todo son perjuicios para nuestro sector y para los ovetenses.
El núcleo de este problema está mucho mas allá, en realidad radica en que este sector no está regulado y necesitamos lo antes posible una ley de la música (como existe en el resto de Europa) que establezca una serie de directrices sobre las que trabajar, que exija, entre otras cosas, que las personas que programan, tanto en instituciones públicas como privadas, sean «programadores culturales» titulados con un código deontológico profesional.
Vuelvo a repetir que me encantaría hablar personalmente con usted para aclarar estas cuestiones. Llevo desde el año 1997 esperando poder sentarme con el concejal de Festejos de Oviedo. Aunque no está de más que rectificase sus declaraciones.
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