Pereza

16 de Octubre del 2014 - José Antonio Coppen Fernández

Es uno de nuestros principales enemigos y se encuentra dentro de nosotros mismos. Y en ocasiones nos escudamos en la dificultad para esconder la pereza. Otro rasgo del perezoso es llamar suerte al éxito del trabajador. En este sentido, permítasenos un aperitivo ofrecido de Miguel de Cervantes, muy acorde con el menú anunciado. Dice así: "Por la calle del Ya Voy, se va a la plaza del Nunca”. De lo que se deduce que la acción es la mejor manera de combatir la pereza, que está constantemente tentando al ser humano. A la negligencia, astenia y tedio también se los conoce por otros términos peyorativos que renunciamos a invocarlos.Por ello, es aconsejable tener siempre en cuenta el refranero popular: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", o "labor bien hecha bien parece"; luego, sin duda, lo agradeceremos. Hemos de reconocer que, en ocasiones, es la falta de motivación la que nos sume en la pereza; otras, la ausencia de beneficio por el esfuerzo a realizar, consideración muy común, salvo para quienes llevan a cabo labores altruistas.

Existe otro rasgo en nuestro comportamiento a la hora de emprender cualquier trabajo u objetivo en el que con mayor empeño la acción ha de desplazar a la pereza, y es la tendencia al aplazamiento de los quehaceres. No estamos invitando, en absoluto a la precipitación, puesto que, según la importancia y complejidad de la obra que se pretende emprender, hay que dedicar un tiempo a reflexionar sobre el planteamiento y desarrollo de la misma. Ya se sabe, que no por mucho correr se llega antes. Y muchas son las veces que hay que deshacer el camino andado por falta de estudio previo. O la negligencia en que incurrimos al relegar innecesariamente un detalle cuando el trabajo está casi acabado.

Subtítulo: La necesidad de una disciplina ocupacional

Está dicho que la pereza es un vicio capital, ya que engendra otros pecados, y porque es la hija directa de la desocupación, que acaba arrastrando al vacío existencial. Hay que vencerla por nuestra propia estima. Los psicólogos están de acuerdo en considerar muy importante en apreciarnos a nosotros mismos. Históricamente, un método infalible para romper con la ociosidad fue la convivencia en la vida monástica. En cualquier convento, la disciplina ocupacional se impone a rajatabla, desde el alba al ocaso, con el desarrollo de diferentes labores y actividades. En su justa medida y salvo que la salud lo impida, también todos deberíamos aplicarnos a diseñar nuestra propia terapia ocupacional.

Por último, dicho ya que en nosotros anida uno de nuestros principales enemigos, y sabido que nadie sirve para todo, no es menos cierto que todos servimos para algo; es precisamente ahí donde debemos orientar la superación personal. No en vano, la mayor felicidad es gozar de aquello que nosotros mismos procuramos. En la vida cada uno es responsable y el único capaz de dotarla de sentido, por eso debemos restaurar cotidianamente la propia voluntad. Al final, según advirtió Abraham Lincoln, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.

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