Año nuevo, vida nueva
Se dice siempre pero no se practica nunca porque es un deseo ficticio nada más. Es algo así, y permítaseme la expresión, como un erupto de champán en la Navidad, en la que todo es ficticio también, todo queda ante una buena mesa. Sí, porque cuanto se desea en la Navidad, felicidad y todo eso, se va con ella, se olvida y, en tantos casos, hasta se prostituye, ensucia o destruye. Y comenzamos un nuevo año con los mismos defectos y miserias, todo cuanto porta nuestro bagaje humano, inhumano muchas veces, en nuestras actitudes o comportamiento antisocial con los demás. Cuando tenía y tiene que ser todo lo contrario, es decir, una correcta y amable relación y trato con nuestro prójimo, al que debemos todo respeto y consideración, que, naturalmente, tienen que ser recíprocos. Esto, nuestro Ortega y Gasset lo definió muy bien cuando dijo que el verdadero secreto de la vida no está en vivir, sino en convivir. Convivir, claro que sí, porque vivir, lo que se dice vivir, es común en todos los seres racionales e irracionales –estos, en tantos casos y ocasiones, suelen evidenciarnos y demostrar que son mejores que nosotros–, es mera y simple biología. Que en nuestro caso tiene que ser distinto porque estamos dotados de raciocinio, sentimientos y unos valores espirituales que son los que nos clasifican y sitúan en el lugar que nos corresponde en el tren de la vida, en ese viaje sin retorno que podía ser feliz y solidario y, sin embargo, es todo lo contrario.
Año nuevo, vida nueva. ¿Por qué no conseguimos entre todos, unidos y hermanados, que no sea una ficción y sí una hermosa realidad? ¿Por qué han de dividirnos y hasta enfrentarnos las absurdas y estúpidas diferencias sociales o ideológicas? ¿Por qué? Sencillamente, porque no nos lo hemos propuesto ni intentado, que es lo obligado y razonable, y que cambiaría por completo las cosas en este carpetovetónico país, de cuyo deterioro social y político todos somos responsables, cuya mayor responsabilidad está en nuestra clase política. Cuestionada y con la metástasis de la corrupción por muchas partes –sobre todo, en el partido gobernante y el opositor, que son alternancia en el poder–, que salpica hasta a la Casa Real. ¡Cómo está el patio,Marcial!
Año nuevo, vida nueva. Que en 2015 seguirá siendo vieja, gastada, con sus miserias sociales y políticas, que nada pueden cambiar. Todo seguirá igual o peor, porque los políticos continuarán anteponiendo sus ideologías e intereses de partido a los intereses de España, que para eso se les votó.
Año nuevo, vida nueva. Que sea una realidad –en las manos de todos está, si somos responsables y tenemos buena voluntad–, con recuperación de trabajos, ilusiones y esperanzas, de todo cuanto se perdió con la puñetera crisis y una política equivocada, partidista, que nos ha llevado a tan dramática situación. Y la paz.
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